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“Siendo latinoamericana sé que en el teatro la teoría y la práctica no son como el agua y el aceite, se pueden mezclar” Entrevista a Sofía Paladines

Sofía es una joven artista chilena que reside en París. Ha dedicado su vida a las artes escénicas, mezclando el teatro, la música y la danza. Su trabajo gira en torno a temas como la multiculturalidad, la inmigración y la feminidad.

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Concierto de tonadas en el Ogresse théâtre associatif, Paris 2017

 

¿Qué te llevó a dedicarte a la cultura y cuál es tu formación?

Siempre gracias a mi familia estuve cerca de la cultura porque mi mamá es pintora y mi papá es melómano. Desde que era chica tuve ese mundo dando vueltas y empecé a hacer música. El teatro nunca fue algo que me interesara, era lo más lejano a mi familia. Por casualidad fuí a ver una obra de teatro en Chile y me gustó mucho entonces empecé a hacer talleres en el colegio, cuando tenía 17 años. Un día repetimos una escena durante seis horas y me di cuenta que era algo muy aburrido pero que la estaba pasando muy bien, fue ahí cuando entendí que eso era lo que quería hacer. Seguí viendo muchas obras en Chile que me inspiraron mucho. Estuve en un taller en el centro de Santiago, era gratuito y venía gente de todas partes, hicimos una obra en colectivo. Mientras tanto tomé la decisión de estudiar en Francia porque estudiar teatro en Chile significaba endeudarme toda la vida para ganar muy poco. Tenía la opción de venir a París y quise aprovechar para salir y descubrir otras cosas. Llegué a la Universidad de Paris 8 pensando que era como en Latinoamérica donde las universidades son escuelas de teatro muy prácticas. Claramente Paris 8 era otra cosa muy diferente a lo que me esperaba pero rápidamente, comparando con otros lugares, me di cuenta que era el lugar en el que quería estar. Hice la licencia y el máster de teatro en París 8 y paralelamente hice otras formaciones. Me di cuenta que la mejor formación es poder ir a ver obras de teatro y para eso París es el mejor lugar.

Participas a un colectivo que se llama Oyá. ¿De que se trata el proyecto y cuál es tu papel en él ?

Es un colectivo que armamos hace un año y medio, nació con una obra de teatro. Durante el último año de universidad nos juntamos porque estábamos un poco aburridas del sistema universitario y con mucha necesidad de actuar y hacer cosas. Lusmila, que es una compañera y la directora de la obra,  juntó a un grupo de mujeres. Nos habló del mito de Medea que es esta mujer griega que mata a su hijo porque su esposo la engaña. Lusmila tenía un libro que era una reinterpretación de Medea sobre por qué hizo eso, no tanto por celos sino por una razón más femenina, más reivindicativa. Pasamos todos los domingos ocupando la sala de teatro de Paris 8. Hicimos la obra en colectivo, cada una elegía un texto que le gustaba o escribía un texto en nombre de Medea. Más que su historia es un relato de nuestras preguntas a través de esta figura mítica griega. Hay monólogos y escenas en conjunto con teatro, danza y música. Éramos ocho chicas y nos entendimos muy bien.

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Souviens toi que je suis Médée (Recuerda que soy Medea), Universidad Paris 8, 2017 Foto Ufuk Calkin

Presentamos la obra y generó mucha conmoción ante el público, cosa que no esperábamos. Nos dimos cuenta de que teníamos potencial de creación en conjunto. Decidimos armar el colectivo con la idea de continuar Medea y al mismo tiempo  hacer eventos culturales teniendo un pie en el mundo universitario y un pie afuera, porque creemos que ese puente falta. Realizamos talleres para permitir a los estudiantes tener experiencias más prácticas en la universidad. La mayoría de nosotras somos extranjeras, hay brasileñas, peruanas, yo que soy chilena y francesas. Siendo latinoamericanas creemos que la teoría y la práctica no son como el agua y el aceite sino que se pueden mezclar, sabemos que funciona. En los talleres traemos profesionales que permiten nutrir nuestra creación teatral.

¿Has escrito o dirigido alguna obra de teatro o tienes algún proyecto en mente?

El año pasado hice un proyecto. Cuando llegué a Francia me demoré mucho tiempo en entender qué era lo que quería hacer aquí. Gracias a mi historia personal me di cuenta que yo siempre estuve en las afueras de París : la universidad de Paris 8 queda en los suburbios, yo vivía también fuera de la ciudad y mi carrera nunca me mostró ese mundo porque siempre era muy dirigida a lo que se hace en la capital, rara vez a lo que se hace en la periferia. Yo quería hacer algo en la ciudad de Saint Denis porque me daba cuenta que ni  yo ni los estudiantes teníamos una relación con la ciudad . Por mi experiencia en Latinoamérica tenía muy presente el teatro callejero. Me gusta porque hay una relación con el público que es mucho más directa, no estás frente a un público que viene a ver tu obra , a aplaudirte a ti. Hice una convocación y llegaron tres mujeres a participar en el proyecto. Se trata de un recorrido en donde cada una tenía que hacer una performance que tuviera que ver con una temática del espacio público, sea histórica, social, arquitectural… Después hicimos una historia formada por pequeñas escenas. El público tenía que ir recorriendo la ciudad por lugares que no eran habituales. La primera escena era justo detrás de la Basílica. Es un lugar impresionante porque lo construyeron en los años 70 en un estilo futurista, pero es un barrio popular entonces es viejo y deteriorado, ocupado por la gente. Hicimos una coreografía con la ayuda de testimonios de la gente que vivía ahí para poder contar otra forma de vivir en esta ciudad en la que hay muchos prejuicios porque se piensa que es peligrosa, que las personas son violentas.

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Performance en Saint Denis, 2017

La segunda parte era en los cafés. En Saint Denis pasa que hay muchos hombres que se reúnen en los cafés pero no es un lugar para las mujeres. Hicimos una escena que era al límite del teatro invisible. Nosotras estábamos como mujeres sentadas en una mesa en el café, rodeadas de  hombres. La idea era recorrer Saint Denis durante una hora. Ese fue el inicio del proyecto de intervención en Saint Denis en el espacio público que puede tener ahora diferentes formas, puede ser filmado, transformado… Lo que me gustó de esta situación es que me di cuenta que era muy fácil hacerlo, uno tiene muchos prejuicios sobre el lugar y sobre el hecho de que en Francia la policía está más presente, entonces tomar los lugares sin permiso es un riesgo. En Saint Denis la gente lo tomó muy bien, se siente que necesitan estas cosas. En junio una de las chicas del grupo va a participar a un festival de Mains d’oeuvres que es sobre la intervención de los espacios en Saint Denis, entonces vamos a rearmar el proyecto, solo con una escena. Va a tratar sobre la inmigración, tema con el cual como latinoamericana me siento identificada. Estando en Saint Denis yo no sabía cuánto podía adjudicarme a la historia de ese lugar ya que las inmigraciones no son las mías. Pero por otro lado siento que el mundo de la inmigración nos pertenece porque yo soy hija de la inmigración y son preguntas que me cuestionan estando aquí o allá y siento que son muy presentes en esa zona.

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Puspawarna, Asociación Pantcha Indra, Paris 2018

¿Cómo terminaste participando en un grupo de música tradicional de Indonesia y de qué se trata el proyecto

¡Esa es una de las gracias de París! Fue algo muy natural pero muy bienvenido. Mi novio es músico y con él siempre hemos tratado de mezclar el mundo teatral con la música, aunque no siempre sea tan fácil. Una amiga de él me invitó a participar en el grupo y terminé quedándome. Primero porque en Chile jamás voy a tener la posibilidad de participar a un grupo de Indonesia. También porque me gusta la forma en que enseñan la música. El instrumento del gamelan no está compuesto de varios instrumentos sino que es uno solo muy grande que se toca por varias personas a la vez. Esta forma de generar grupo me interesa mucho en el teatro, me enseña a trabajar en colectivo. Es muy generoso porque hay gente muy virtuosa que a la vez tiene que tocar cosas más simples y viceversa. Es una forma de compartir el arte que me parece muy interesante y necesaria para esta época. Me he dado cuenta que está todo relacionado, tener noción del ritmo es algo muy importante para poder hacer teatro. En la tradición de Bali no hay una diferenciación entre el teatro, la danza y la música. Todo está ligado, la danza es muy precisa y dirige a la música. Esa relación me parece que da mucha potencia y me ha enseñado mucho. Es un teatro de máscaras enteras que ha sido un gran descubrimiento para mí. Más que un espectáculo es una tradición ritual, aunque ahora se ha vuelto un poco más turístico. Las máscaras son verdaderos espíritus que permiten entrar en trance.

Paralelamente realizas conciertos de música tradicional chilena. ¿Cómo crees que ha sido recibida esta música por el público francés? ¿Piensas que ayuda a crear lazos entre la comunidad chilena de París?

La música chilena es un ritmo muy especial que mezcla muchas cosas, está hecho por la inmigración que caracteriza a América Latina. Por ejemplo, el año pasado estuvimos tocando en Marruecos y reconocían el tambor como magrebí, también tiene mucho de España. Es una música mestiza y eso genera muchos lazos, incluso en Francia. Aunque el público francés no sabe lo que es o no entienden la letra hay unos ritmos que  reconocen y que les atraen. En la rueda de cueca están todos los músicos tocando y se puede bailar y participar tocando música. Esos espacios son escasos hoy en día y la gente lo necesita. Además en Francia hay un gusto por el exotismo, que puede ser cuestionable pero que, aunque es una fantasía, les permite escaparse un poco del mundo parisino.

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Concierto de tonadas y cueca, foto Richard Duran. Paris

En Francia hay diferentes generaciones de chilenos, los primeros vinieron escapando de la dictadura, están sus hijos y sus nietos. Muchos hicieron un corte con el país porque la dictadura fue muy dura. Lo que tiene la cueca y las tonadas justamente es que es algo que viene de antes de la dictadura. Ahora en Chile también hay un renacimiento de esta música, sobre todo entre los jóvenes. Hay un renacer de la historia de antes de la dictadura que atrae mucho a la gente que está acá en París. Hemos tenido encuentros muy bonitos y nos han apoyado mucho. Nosotros humildemente tratamos de dar vida a esta tradición. Hay una sabiduría que viene de las letras, de la época antes del consumismo y de la tecnología. Justamente hay muchos saberes que se están perdiendo y el mundo de las tonadas permite otra forma de ver la vida.

 

Por Maria Junca

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