Cine e inmigración/Identidades

La historia de un chico frontera

Soy Nero

En su última película el realizador iraní Rafi Pitts nos cuenta cómo un mexicano de 19 años se encuentra en un desierto de Oriente Medio tomando parte en un conflicto cuyas causas no termina de entender.

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Sinopsis:

Nero, joven mexicano que creció en Los Angeles intenta volver a Estados Unidos después de haber sido expulsado. Después de unos intentos fallidos, logra pasar la frontera y encontrar a su hermano a quien le cuenta su deseo de involucrarse en el ejército para conseguir por fin ser reconocido como ciudadano estadounidense.

Realización Rafi Pitts, guión Razvan Radulesco, Rafi Pitts, imágen Christos Karamanis, decorado Jacob Alsbrook, montaje Danielle Anezin, sonido Stephan von Hase, música original Rhys Chatham, vestimentaria Alexis Scott, producción Thanassis Karathanos, con Johnny Ortiz, Rory Cochrane, Aml Ameen, Darrell Britt-Gibson, duracion 118 minutos, lenguas español, inglés.

Convertirse en soldado para obtener un pasaporte

La última película de Rafi Pitts realizador anglo-iraní se estrenó el pasado 21 de septiembre en el festival de cine Berlinale. Da visilidad a un fenómeno poco tratado, el de los Green Cards Soldiers, inmigrantes que se involucran en el ejército a cambio de la promesa de conseguir un pasaporte estadounidense. Este fenómeno se ha desarrollado a partir del 11 de septiembre con la meta de luchar contra el terrorismo.

Rafi Pitts trata por otro lado de un tema que vive en carnes propias, la condición de apátrida. En el 81 cuando cuando explota la guerra entre Irak e Iran huye de Teherán y se refugia en Inglaterra Más tarde con el estreno de su película The Hunter (2010), el gobierno iraní prohibe su proyección y amenaza al realizador si vuelve a su país. 

El tema de los Green Cards Soldiers había sido tratado en el cine documental por vez primera en 2006 por Heidi Specogna que incursionó en el tema en The short life of José Antonio Gutiérrez dando luz al caso de un joven guatemalteco involucrado con los Gi joe que fue el primer caído en la guerra de Irak. Soy Nero es una ficción pero no deja de establecer un estrecho diálogo con la realidad.

Pitts nos invita a tomar posición

La propuesta inteligente del realizador consiste en no imponer un punto de vista al espectador. El punto de vista lo da Nero, protagonista principal cuya personalidad huídiza motivada por la necesidad de hacerse invisible permite al espectador forjar su visión acerca de Estados Unidos hoy. La contra cara viene a ser entonces cierta falta de relieve en la actuación de Johnny Ortiz.

A través del camino que recorre Nero, se nos presentan varios personajes fuertes, ambivalentes, de todos colores y horizontes, una muestra de la sociedad norteamericana cosmopolita que favorece el encuentro de los imaginarios. Vamos conociendo un país en el cual ser ciudadano legal no es necesariamente sinónimo de heterogeneidad.

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Las fronteras

Tanto en el fondo como en la forma la película se organiza alrededor de la idea de frontera. Frontera entre México y Estados Unidos, este muro que se vuelve red de volley-ball. Fontera social y económica en Beverly Hills. Frontera check point en un desierto de Oriente Medio. Frontera como un muro que impide el acceso a algo deseado. La misma película se ve atravesada por una frontera ya que claramente dividida en dos episodios. Un corte se da en la narración cambiando radicalmente de paisaje: pasamos de norte América a Oriente Medio sin transición. Las fronteas son así tanto materiales como simbólicas. El mismo Nero se vuelve frontera.

La cuestión de pertenencia a un territorio, a una nación es preponderante en la película. La posibilidad de encontrar su lugar en algo diferente, de sentirse extranjero en el país de sus padres, la pérdida de identidad, los efectos de las fronteras sobre las poblaciones, ser extranjero en todas partes, apátrida. De forma disimulada, Rafi Pittsnos pasa un mensaje: un cartel en el desierto indica “Na-Koja-Abad“. El término no remite a un lugar geográficamente reconocible sino que viene de un teósofo iraní y quiere decir “la tierra de ningún lugar”. No importa entonces si el desierto del que hablamos este en México o en Oriente Medio. El realizador no se interesa tanto en un espacio físico sino más bien en un espacio que permite encontrarse a sí mismo.

El tono, lo absurdo, el humor negro y el cinismo en manos de Rafi Pitts y del equipo de realización (representativo del trabajo ya que es una coproducción internacional) hacen de Soy Nero una película que nos sirve para cuestionar las nociones de identidad y de frontera de manera internacional. El caso tratado aquí es el de la relación entre México y Estados Unidos pero no nos impide sin embargo aplicarlo a cualquier otra zona del globo. Lo absurdo llega a su colmo cuando pensamos que antes de 1848 y los acuerdos de Guadalupe Hidalgo la California pertenecía a México.

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