Arte/España/Literatura

El teatro de Buero Vallejo, una herramienta política contra el silencio de la fuerza

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Al estudiar al ser humano, Buero Vallejo nos revela los peligros de la ignorancia, describe una socieda que ha perdido el juicio, una sociedad que fabrica monstruos y puede engendrar barbarie. Nos ofrece un espejo en el cual tememos reconocernos.


Una forma de protesta o compromiso social y politíco puede ser mediante la creación artistíca. La obra teatral puede ser totalmente imaginaria y no referirse directamente a una realidad pero no deja  nunca de establecer un dialogo con el contexto sociohistórico en el cual se lleva a cabo su producción. Claro que el teatro al que referimos no es una teatro de mero divertimiento sino a un teatro comprometido, no necesariamente asumido como político pero que ha sido y sigue siendo un medio para la difusión de ideas, de mensajes. Si hoy en día en un contexto de libertad de expresión casi illimitada estamos sumegidos por una profusión de creaciones, o peor por espectáculos comerciales sin ninguna otra meta que el divertimiento de masa; en un contexto como el de la dictadura franquista, teatro era sinónimo de compromiso social y político como lo fue para Antonio Buero Vallejo. Este gran autor español de vocación pictórica antes de la guerra civil empezó  a escribir teatro en prisión donde pasó 6 años por su apoyo e involucración en el bando republicano. Haber participado en la guerra, su posterior encarcelamiento, su condena a muerte para ser finalmente liberado nos explican cómo muchas de sus obras son el testimonio de un realismo social de claras intenciones polémicas. El teatro de Buero Vallejo es el arte representativo de la sociedades humanas.

Panorama cultural de la España post-guerra civil

Una vez terminada la guerra civil ya muertos o exiliados los grandes dramaturgos y escritores, los primeros años del franquismo vieron nacer una gran cantidad de obras dramáticas de calidad muy baja pese a lo cual se ganaron el aplauso del público que solo quería olvidar. La autarquía económica y cultural en la cual se encontraba España se tradujó por una expresión cultural muy limitada por la férrea sensura de los vencedores que rompieron con el pensamiento liberal europeísta, produciendo un quiebre en lo inovador que se venía haciendo desde Valle Inclan y con las virtudes de la generación del 27 que había sabido integrar las novedades de las vanguardias con la propia literatura poética española.

El propósito de ordenar la vida intelectual conforme a las pautas del franquismo no gozó de prestigio quizás porque el régimen fue un amalgama de intereses de poder y dinero. Los autores favorables al parido pretendían crear una nueva cultura basada en el catolicismo ultraconservador, se referían obstinadamente a las victorias militares sobre la “anti-España” y en las glorias de la España imperial de los siglos de oro. Se impusó entonces una visión triunfalista en la cual la realidad española quedó excluida de cualquier publicación. 

A finales de los años 40 la situación mejoró un poco, empezaron a aparecer obras literarias que anunciaban una nueva etapa de las letras españolas, escritores dieron mas dignidad a la trivialidad escapista que servía de diversión; A pesar de un contexto de incomunicación, aislamiento, alienamiento y represión no propicio a la creación, autores como Buero Vallejo seguían considerando su arte como una cuestión de consciencia social, tenían que luchar por un lado contra la mentalidad del público que podía pagarse entradas de teatro.

¿Cómo explicar que un dramaturgo republicano obtuviese tanto éxito en el contexto de dictadura franquista?

Buero Vallejo propuso una nueva perspectiva, una forma distinta de hacer teatro, un cambio de paradigma: reaparece la consciencia politica llevando a los escenarios obras en las cuales se presenta la vida y los problemas que suponen las relaciones sociales cotidianas bajo un nuevo prisma.

Su teatro pinta una virulenta critica del régimen autoritario de Franco y refleja el mal interior de los españoles gracias a una estética particular denominada “posibilismo”. En 1950, un fuerte debate alrededor de esta noción enfrentó Buero Vallejo a Sastre. Este último defendía la posición del dramaturgo, su valentía necesaria para decir su protesta dentro de las coyunturas reales españolas, hacer un teatro libre sin pensar en la representación.

La posición de Buero Vallejo era la de poder burlar la censura, (más vigilante e implacable con el teatro que con otro género debido a que la representación teatral supone contacto directo con el público) y hacer posible la representación ya que lo más importante para él era de hacer oír la voz crítica mediante la comunicación de una representación ante un público y así poder dar cuenta de la realidad sin que ella se haga demasiado evidente. Para lograr evitar la cencura escribió recurriendo a un fuerte simbolismo realista lo que representó la opción más adecuada.

Una estética al servicio de una ideas

Para Buero como para Brecht el teatro no debe adormecer sino despertar, pero para Buero la responsabilidad social del teatro no debe solamente llevarse a cabo mediante la distanciación. En un artículo publicado en Ínsula (núm. 200-201, julio-agosto de 1963) llamado A próposito de Brecht el propio Buero Vallejo lo explica. Percibimos entonces una influencia distorcionada de Brecht en Buero, si la clave del pensamiento brechtiano reside en en su recurso más importante conocido como “efecto V” o “efecto de distancionamiento”, la paradoja que Buero encuentra en el procedimiento brechtiano viene de que Brecht acepte a pesar de todo una dosis de emoción lo que leva el público a una identificación, el público no puede entonces presentarse como un juez distante y crítico.

Buero rompe la cuarta pared de otro modo: los efectos de inmersión propiamente buerianos consisten en que el público se vuelva partícipe, lo quiera o no, de la acción que se desenvuelve y de la situación en la que se encuentran los personajes de la obra. Buero obliga su público a reflexionar sobre las diferentes situaciones que está presenciando, lo cual, desarrolla una capacidad crítica que lo aleja emocionalmente capacitándolo para una actuación moral y social que implica de forma activa al público. Los efectos de inmersión pretenden sorprender al público, irritarlo y dentro de esa exasperación conducir su consciencia hacia el estado de exasperación del personaje para que se establezca una simbiosis emocional. En otras palabras se trata de una forma de llevar a la identificación participando así en las angustias y traumatismos de los protagonistas. Buero sacude, desasosiega al  público para que este se comprometa en la realidad en la que vive. 

En el teatro de Buero Vallejo encontramos siempre a personajes en situación de deber tomar una decisión, esa opción no siempre lleva a un desenlace feliz pero siempre pueden elegir. Los actos de los seres humanos influyen en sus vidas. Por otro lado muchas veces representan la limitación humana, adopta arquetipos simbólicos, personajes que representan minusvalía (ceguera, sordez e incluso locura). Como muy bien lo expresa Mariano de Paco en Estudios sobre Buero Vallejo, para Buero como para Barthes la representación teatral se compone de una pluralidad de códigos ofreciendo al espectador una información que viene dada en primer lugar por la palabra, pero también por otro sistema de signos. Como Artaud, Buero intentó llevar a la práctica esta polifonía denunciando la subordinacion casi total del teatro al diálogo. Varios motivos actúan a la vez en Buero, y eso participa en el posibilismo porque el público recibe el mensaje del dramaturgo por varios canales.

La doble historia del doctor Valmy, una denuncia de la tortura como arma política

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El título nos revela que en la obra se trata de un caso clínico. La historia se desdobla en escenas que vamos viendo, nos encontramos con analepsis y analepsis dentro de analepsis.

La obra se abre sobre una primera historia, una pareja de “elegantes”, que se dirige al público diciéndole de no tomar como veraz la historia que se le va a contar, ellos dos parecen no tener nada que ver con la trama de la segunda historia y de a poco terminamos por olvidarlos por la fuerza dramática de la segunda historia. La segunda historia se desenvuelve en un país geograficamente no situado, una ciudad llamada Surelia en la cual se desarrolla la trama, esta ciudad puede ser cualquiera pero lo que da a entender  en filigrana es que se trata de Madrid u otra gran ciudad española. A la aparente prosperidad de Surelia y la normalidad familiar de los protagonistas Mary y Danyel Barnes, un conflicto surge a partir del momento en que Mary se entera sobre qué descansa su felicidad: Danyel es policía y entre las tareas que debe llevar a cabo en su oficio se encuentra  la de torturar a presos políticos. Tuvo que castrar a uno de ellos y desde entonces sufre de impotencia sexual; La curación de Danyel es propia enfermedad, la redenciónes imposible, solo la violencia de su muerte lo liberará.

El paralelimo entre víctima y verdugo ilustra el pensamiento humanista del autor, si un ser humano destruye a otro se destruye a sí mismo “Todos somos cada uno de los demás” escribe en El Tragaluz. Buero Vallejo pinta un país donde no hay libertad, donde no se cumple la ley, donde el miedo a la inseguridad lo rige todo: pone en tela de juicio a toda una sociedad. La violencia es de dos tipos, la de un Estado que reprime, que propugna una violencia legítima para un bien general, y por otro lado una violencia que libera. Esta obra habla de violencia institucionalizada, de la relación entre la tortura y el mantenimiento del orden social. La tortura que se lleva a cabo en cubierto, que nadie quiere ver va a tener que ser revelada, de la misma forma que los personajes del drama se van a enterando de la verdad, de la realidad en la que están viviendo ciegos, a medida que va llegando el final, el público va a tener que darse cuenta.

El público también está emasculado por no tener el valor de actuar frente a la represión y la tortura. Se establece en la obra una tensión ideológica, negarse a ver la verdad o enfrentarse al dolor que supone abrir los ojos. Al final de la obra el doctor da de alta a la pareja de elegantes, nos damos cuenta de que al principio ellos no se dirigían al público como tal sino como a un público de enfermos mentales en un psiquiátrico.

La tortura y la reacción a la tortura dentro de un régimen autoritario de eso trata  La doble historia del doctor Valmy. Qué actitud tiene la sociedad frente a eso? En esta obra el foco se encuentra en los verdugos y no en las víctimas. Es un planteamiento humanista, la voz de Buero Vallejo se encuentra en el personajes del doctor que es el alter ego del autor que expande su pensamiento, arroja luz: la verdad debe ser conocida a pesaar de doler. En un mundo en el cual el dolor se resuelve mediante analgésicos y no por toma de consciencia Buero obliga al público a tomar una decisión y en eso radica, el público no sale de la sala igual que como ha entrado. Se trata de una obra clave tanto por la perspectiva temática que por las innovaciones estéticas y técnicas.


Antonio Buero Vallejo hizó un teatro de izquierda sin lugar a duda, además de haber producido una crítica lúcida, la fuerza de su “consciencia trágica” como bien lo explica Ricardo Doménech en su libro Buero Vallejo : una meditación española (Madrid: Gredos, 1973) tiene su papel en los que nos interesó acá. Su visión que relata los ascuros años españoles a través de un discurso no solamente político sino también filosófico y su estética gracias a las cual llebar sis obras a los escenarios son brillantes, En su libro Domenéch concluye y cierra con la siguiente frase que no deja de tener eco hoy: ” teatro de protesta en la España de hoy, lo es también en el mundo de hoy, en que la verdad y la libertad son igualmente, aspiraciones profundas… e insatisfechas del hombre moderno.”


 


Bibliografía:

BUERO VALLEJO Antonio, Poesía, narrativa, ensayos y artículos, Obra completa, Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1994

DE PACO Mariano, Estudios sobre Buero Vallejo, Alicante: biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000, (1era ed.)

DOMENECH Ricardo, El teatro de Buero Vallejo: una meditación española, Madrid: Gredos, 1973


 
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