Cine/España

Que mi nombre no se borre de la historia…

“Las 13 Rosas”: es el nombre que se dio a 13 jóvenes mujeres que fueron fusiladas en 1939 por ser republicanas. La película, estrenada en 2007, sumerge al espectador en uno de los episodios más crueles e injustos de la represión franquista.

Memoria Histórica en pantalla grande

Las 13 Rosas es una película de Emilio Martínez Lázaro estrenada en 2007. Es la adaptación fílmica de la novela Trece rosas rojas de Carlos Fonseca (2005) inspirada en un drama real de la posguerra española. Este filme se enmarca dentro de los debates sobre la Ley Histórica en España que se aprobó en diciembre de 2007, en la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.[1] Llevar a la pantalla el pasado escalofriante de España no es tarea fácil. El director tiene que decidir desde qué punto de vista se puede abordar este horrible capítulo de la posguerra, que por desgracia fue uno de muchos. ¿Podemos considerar que Las 13 Rosas presenta una sobre dramatización del hecho? ¿O realmente permite al espectador adentrarse en ese episodio traumático?

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Cartel de la película

La película narra la condena arbitraria de trece jóvenes mujeres de 18 a 29 años, en Madrid justo después del final de la Guerra Civil, durante la primavera de 1939. La ficción enfoca su narración en cinco de esas treces jóvenes; así conocemos a Blanca, Carmen, Julia, Adelina y Virtudes. Mujeres jóvenes, pero comprometidas políticamente. Sus ambiciones y reivindicaciones les llevaron a un final trágico, pero que vivieron con orgullo.

Tras terminar la Guerra Civil, el general Franco se convierte en Jefe de Estado imponiendo su Gobierno dictatorial. La lucha contra el franquismo sigue más allá de la guerra y los militantes de la República son víctimas de una represión terrible. Al perder la batalla, las tropas republicanas tuvieron que desmovilizarse y Madrid, que fue la última ciudad resistente, ha dejado de serlo y ha pasado a ser el centro político y militar del nuevo régimen. Desde entonces la represión se refuerza todavía más y las Fuerzas Armadas están más presentes que nunca.

El filme tiene un enfoque particular: intenta mostrarnos la lucha política de las mujeres republicanas. Unas mujeres que llevan un doble peso en ese período: ser republicana y ser mujer. Ese doble rol que tenían había de empujarlas en sus acciones cotidianas. Sin embargo, la película de Emilio Martínez Lázaro no da cuenta de eso. Por ejemplo, no sabemos por qué decidieron ser militantes, qué les motivaba y cómo lo vivían al ser principalmente rodeadas de hombres. “Las Rosas” pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), una organización política juvenil que fue perseguida por su clandestinidad durante el franquismo. La película trata de manera superficial ese modo de acción, por lo que no nos conciencia realmente sobre la Organización. Un detalle importante que también comprobamos, es que las acciones son más impactantes; ellas no se defienden con palabras sino más bien con el silencio. En muchas de las escenas más violentas y reivindicativas se callan, observan, actúan, pero no destacan por sus grandes discursos, como grandes personajes de la historia mundial.

Observamos a las cinco protagonistas en su vida cotidiana, marcada entre otras cosas por su relación con los demás que no se atreven a proclamarse “rojos”. Apreciamos tanto escenas románticas como escenas de rebelión, de tortura, de ternura y de tristeza. Su familia no está de acuerdo con ese compromiso político que llevan a cabo, pero las ayuda y no las delata en ningún momento. El elemento desencadenante que les hace pasar de unas “simples” defensoras de la República a unas enemigas directas del dictador es la traición de su compañero Teo tras haber sido torturado (un apremio muy utilizado en la época). Se les acusa de organizar de manera clandestina un atentado contra Franco durante su desfile. Y posteriormente de ser responsables de la muerte del comandante Gabaldón y de su hija – imposible, ya que el homicidio tuvo lugar en julio y ellas ya estaban encarceladas. Eso es lo que demuestra lo arbitrario del régimen y la falta de coherencia y justicia. En la película lo vemos durante el juicio de las chicas, el abogado que teóricamente tenía que defenderlas las pone en duda y va en contra de ellas. Entonces se las condena a la pena de muerte en un plazo de tres días. Un plazo que no se va a respetar. La inmediatez de las acciones y decisiones expresa en la película la opresión vinculada a una política dictatorial.

Dentro de esa fuerte represión, encontramos igualmente dos mundos en los que las jóvenes viven de manera muy diferente y es algo que nos ha sorprendido bastante. En su casa, en las calles, todo es secretismo, la expresión de opinión es peligrosa y en estas situaciones la política afecta el estado de ánimo del pueblo. Las escenas en la prisión son más alegres. La prisión de Las Ventas es una cárcel republicana para mujeres. Durante la guerra fue un establecimiento antifranquista muy limpio que preconizaba la educación ante el castigo. Su situación se degradó bastante en la posguerra: las Ventas se había convertido en un sitio totalmente diferente en el que se amontonaban las mujeres en el suelo, tanto en las celdas como en los pasillos. Esa suciedad y falta de espacio lo refleja la película cuando las protagonistas entran en la cárcel. Intentan encontrar un hueco para poder “acomodarse”. También podemos suponer que las prisioneras ya no eran mujeres franquistas sino mujeres de la oposición. Todas esas mujeres no eran juzgadas por su “delito” sino por su ideología, que muchas veces era la suya indirectamente vía sus esposos o familiares, y encarcelarlas servía como modo de presión hacia ellos para que se rindieran. Asimismo, los testimonios relatan otra versión que la que vemos en la película. Se sabe que las condiciones eran tremendas, que apenas comían y que no tenían una buena higiene[2]. Sin embargo, en la ficción las vemos lavarse, cambiarse de ropa y hasta jugar con el agua. Observamos a unas protagonistas riéndose, bailando y sonriendo como si Las Ventas fuera un espacio en el que podían sentirse más o menos libres de expresar lo que eran. Una vez más, la narración no da cuenta totalmente de la atroz realidad de las circunstancias.

Las Rosas: unidas hasta el trágico final

La culminación del relato es la fatal condena de las 13 Rosas. Mueren fusiladas en el cementerio de la Almudena en la madrugada del 5 de agosto de 1939. Una puesta en escena muy emotiva que empieza desde la noche anterior: las chicas pasan su última noche en la capilla, donde tienen que confesarse sino no se les dejará escribir una carta de despedida a su familia. A nivel cinematográfico, recalcamos dos fondos rítmicos en esta escena: el de los personajes que es el sonido de los tiros –representando la caída de sus compañeros de las JSU-; y el de los espectadores: una música que nos arrastra a la tristeza y al miedo más profundo de las Rosas. Gracias a las voces en off nos enteramos de algunas de las cartas escritas. Vemos a unas jóvenes que, a pesar de conocer su destino, quieren animar a sus familiares, no quieren que se les vea débiles sino como luchadoras. Recordemos el “que mi nombre no se borre de la historia” de Julia Conesa. La fuerte emoción nos lleva así hasta la escena del fusilamiento en la que las vemos abrazándose, y donde por cierto, no se las ve caer al suelo. Justo después vemos a la benjamina, Carmen, tumbada en la cárcel y llorando sin consuelo.

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Placa en el cementerio de la Almudena en Madrid

¿Memoria selectiva?

La puesta en paralelo de Las 13 Rosas de Emilio Martínez Lázaro y de la Historia nos ha hecho llegar a la conclusión de que su tratamiento del episodio está aligerado. La iniciativa de tratar el tema no es despreciable, pero no representa con fuerza la lucha política que ejercieron las mujeres “rojas” y todas las organizaciones republicanas en aquel momento. A pesar de todo estamos convencidos de que ese homenaje entra en el proceso del deber de Recuperación de la Memoria. Aunque no es un documental que intenta informarnos del pasado con veracidad. Es verdad que la parte dramática está privilegiada y que la visión de la militancia es incompleta; además como dicho anteriormente se distorsionan ciertos hechos a favor de la puesta en escena artística. Un aspecto que no reprochamos, ya que destacamos también la interpretación de los actores y el trabajo en torno a la música y a la fotografía, que han sido recompensados en la XXII edición de los Premios Goya.

[1] Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado (27 de diciembre de 2007)
[2] Romeu Alfaro, F.: El silencio roto: mujeres contra el franquismo, ed. El Viejo Topo, Mataró (España), 2002

 

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