Cine

El País de Nunca Jamás de Juan Antonio Bayona

 

Con más de 2 millones de entradas en España, El Orfanato (2008) se impone como uno de los mejores éxitos del cine español. No permanecerán impasibles frente a esta obra que mezcla fantástico, horror y drama…

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Laura (Belén Rueda), su marido y su hijo adoptivo, Simón, compran el orfanato donde Laura pasó su niñez, en compañía de sus “hermanos” de corazón, para acoger a niños minusválidos. El día de la inauguración, Simón desaparece y extraños fenómenos aparecen. Laura hará todo lo posible para salvar a su hijo… ¡Ojalá no sea demasiado tarde!

El punto más fuerte de la película es la reflexión sobre el amor, la maternidad y los ‘vínculos de la sangre’ que el director nos ofrece. Bayona nos presenta personajes marcados por sus historias personales: Laura fue adoptada y a pesar de su niñez feliz en el orfanato, su situación revela la ausencia de una relación privilegiada con sus padres biológicos. A lo largo de la película, Bayona nos muestra a una madre adoptiva que mueve cielo y tierra para salvar a su hijo así como la loba protege su descendencia. ¿El amor depende de la sangre? No, responde Bayona. Además, Simón padece del SIDA. La elección de esta patología no es anodina: Laura y Simón se quieren de un amor puro y ‘no infectado’ que lo trasciende todo y que llevará a Laura hasta el sacrificio último.

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El Orfanato es una verdadera metáfora del síndrome de Peter Pan: Laura podría ser Wendy que protege y cuida de Peter Pan. El deseo de rehabilitar un orfanato lo prueba. Laura quiere recuperar su pasado de niña. Sin embargo, la película es mucho más sombría que el cuento: Bayona juega con el límite muerte/vida. Los ‘niños perdidos’ están muertos pero sus espíritus vagabundean en el más allá, gozan de una juventud eterna y juegan juntos en un país imaginario. Hay muchos puntos comunes entre El Orfanato y Los Otros de Amenábar. ¿Qué vemos realmente? O mejor dicho ¿qué creemos ver? Esta película nos interroga.

El éxito del film se debe sobre todo al guión: la historia es anhelante y el giro final excelente. Sin embargo, Bayona no revoluciona el género fantástico; juega con procedimientos típicos: la escena pasa en una mansión aislada, el director utiliza inteligentemente la luz y la oscuridad para que temblemos. Lo que da miedo es lo invisible y Bayona lo ha entendido. La fotografía es de muy buena calidad; los decorados y los vestuarios nos hacen pensar en El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro. La influencia de Del Toro (aunque es solamente productor) está quizás demasiado presente.

Este largometraje es un primer ensayo muy exitoso: una historia bien construida, una buena utilización de la música que hace vibrar al espectador y Belén Rueda nos embelesa con este rol de composición.

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