America Latina/Pensando el periodismo

Situación de los medios en Venezuela: #ElPeriodismoPrimero

TRABAJADORES DE LA PRENSA VENEZOLANA MARCHAN EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Durante el 2014, los venezolanos leyeron numerosas veces que sus periódicos de cabecera se declaraban en emergencia por falta de papel; vieron cómo los periodistas del canal de noticias Globovisión (bastión mediático de la oposición hasta este año) abandonaban sus espacios y denunciaban la censura impuesta en la televisora; se percataron cómo salió de la parrilla del canal privado Televen un programa de opinión, que utilizaba la comedia para criticar al gobierno, por presiones; le dijeron adiós a decenas de emisoras de radio; entraron más veces a sus cuentas en Twitter porque el presidente Nicolás Maduro afirmó que la “guerra mediática” se mudaba a la red social; y siguieron las denuncias contra la libertad de prensa y el ejercicio periodístico a través de la pantalla de CNN en español (o al menos los venezolanos que tienen acceso a la televisión por cable).

Asimismo, durante el 2014, La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, La Sociedad Interamericana de Prensa y la ONG estadounidense Freedom House manifestaron su preocupación por el deterioro de la libertad de expresión en Venezuela. Incluso dentro del país, el Instituto Prensa y Sociedad y la ONG Espacio Público denunciaron las diferentes violaciones perpetradas durante un año bastante turbulento.

La ONG Espacio Público, por ejemplo, en su informe sobre la situación de la libertad de expresión en Venezuela durante el primer cuatrimestre del 2014, registró 174 casos que abarcaron 325 violaciones a este derecho. Estos hechos se produjeron principalmente durante las manifestaciones estudiantiles que comenzaron el 4 de febrero en el estado Táchira. En la cobertura de estas protestas, que se extendieron luego en diferentes ciudades y por varias semanas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa denunció 181 agresiones contra el gremio.

En este escenario desalentador, el gobierno venezolano sostiene con insistencia que estos derechos fundamentales para un sistema democrático se respetan y se robustecen como un roble. Sin embargo, la oposición venezolana estima que la libertad de expresión en el país suramericano brilla por su ausencia.

Los medios de comunicación y los periodistas en particular siempre han estado a las miras del poder. La influencia mediática es un hecho incuestionable: como actores sociales o como actores políticos, los médias inciden en la vida pública de la sociedad donde están inscritos. Por tanto, pueden poner en jaque al poder en cualquiera de sus formas, como sostiene el profesor de la Universidad Central de Venezuela Marcelino Bisbal.

Censura mediática

En Venezuela, el control de los medios por parte del gobierno parece una evidencia: según cifras del Colegio Nacional de Periodistas, entre el 1 agosto de 2009 y el 1 agosto de 2010, el gobierno cerró 34 emisoras de radio, 2 televisoras regionales, 6 televisoras por cable y 2 medios impresos. Para julio de 2013, el cierre de medios de diversa índole llegaba a 45, de acuerdo a un estudio realizado por las profesoras venezolanas Anabella Abadi y Bárbara Lira. Los medios que cerraron sus puertas representaban principalmente una voz crítica al proceso bolivariano comenzado por el presidente Hugo Chávez. Por otra parte, mientras se silencian estas voces, los medios estales crecen considerablemente.

El aparato comunicacional es un aspecto primordial dentro del Estado venezolano. Para el año  2015, tal como lo reseñó El País,  el gobierno de Maduro destinará 3.600 millones de bolívares (suma que equivaldría a algo más de 508 millones de dólares según la tasa oficial de cambio, o 64, 7 millones de euros de acuerdo a la segunda tasa de cambio nacional) con el objetivo de  “promover la gestión del gobierno, los valores socialistas e impulsar la revolución”. No es descabellado pensar entonces que el cada vez más inflado conglomerado de medios estales seguirá creciendo en los próximos meses con el propósito de controlar la información que circula en el país.

Marcelino Bisbal afirma con vehemencia que el gobierno venezolano desde el periodo de Chávez ha instaurado la censura y provocado la autocensura para ocultar lo que realmente sucede. Luego de las protestas estudiantiles en Caracas, el diario Últimas Noticias publicó un trabajo de investigación donde relacionaba a funcionarios públicos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional con el asesinato de un estudiante en Caracas el 12 de febrero de 2014. Este reportaje, que ya ha ganado varios premios nacionales e internacionales, salió a la calle el 19 del mismo mes. Durante los meses siguientes, el equipo que lo hizo posible renunció al periódico por considerar que su director censuraba las notas por razones políticas.

Por consecuencia, los periodistas de Últimas Noticias crearon la etiqueta #ElPeriodismoPrimero en Twitter para solidarizarse con sus compañeros y para evocar la función principal de un medio de comunicación: informar apegado a los hechos, sin responder a intereses políticos, porque el periodismo está siempre primero. Este gesto invadió la red social y provocó la adhesión del gremio periodístico.

Otro elemento de análisis en relación al control mediático radica en la exposición de Nicolás Maduro en los medios de comunicación. La ONG Monitoreo Ciudadano contó las apariciones del presidente en radio y televisión: en los 500 días de su gobierno (desde el 15 de abril de 2013 hasta el 31 de agosto de 2014), apareció al menos una vez por día. Y durante el primer mes de manifestaciones iniciadas en febrero, habló un total de una hora y media por día.

Debido a este bombardeo mediático y a la polarización política, la información en Venezuela tiende a confundirse con la propaganda y el ejercicio periodístico con un mero acto panfletario. Existe poco margen para el disentimiento. Incluso dentro de la relativa libertad que ofrece internet, las denuncias contra el gobierno no se limitan a los medios tradicionales: la red social Twitter denunció en febrero de 2014, en medio de las protestas estudiantiles, que las imágenes de los usuarios fueron bloqueadas en Venezuela por la administración gubernamental. No obstante, en términos generales, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación dificultan que el Estado impida por completo la circulación de voces disidentes. Por ejemplo, aunque el candidato opositor de las últimas elecciones presidenciales, Henrique Capriles Randonski, no aparezca en vivo en todos los canales nacionales, este dirigente tiene una plataforma digital que le permite difundir sus mensajes aunque de una manera menos masiva.

En este contexto de crisis en Venezuela, se debe situar al periodismo de primero: un periodismo sin manipulaciones, sin autocensura o dispuesto a adaptarse al poder de turno, porque sin un periodismo libre no hay auténticos ciudadanos.

Valentin Finol-Añez

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