Artes y cine

Lo que nos dejó el amor del siglo XIX

7a3a404b60271f218b0a9006b3c7b076A simple vista no parece muy atinado asegurar que las relaciones afectivas de hoy guardan un estrecho vínculo con las que tuvieron lugar en el siglo XIX. Pero lo cierto es que si hoy concebimos al amor y no a la conveniencia como el pilar fundamental de las relaciones de pareja, es precisamente gracias a que en el siglo XIX se produjo un giro radical en las sensibilidades. A continuación veremos cómo la escritora Jane Austen dejó plasmado ese cambio en una de sus novelas y cómo el cineasta Joe Wright lo interpretó con perspectiva contemporánea.         

Volver a los clásicos siempre resulta placentero. Pero volver a los clásicos, sobre los que además se han hecho adaptaciones contemporáneas, produce un cierto regocijo, pues dejan ver con frescura y aire nuevo la vigencia que todavía hoy tienen los temas que abordaron. Así sucede con el filme Orgullo y prejuicio (2005), del director británico Joe Wright, quien recreó la obra literaria del mismo nombre, escrita por la inglesa Jane Austen, en 1813.

El aporte más significativo de la cinta de Wright es que pone al descubierto cómo, a partir del siglo XIX, la experiencia amorosa adquirió un lugar predominante en la vida del ser humano, puesto que le otorgó libertad y lo sacó de convencionalismos sociales.

Ello se hace evidente a partir de la forma como los protagonistas, Elizabeth Bennet y Mr. Darcy, quiebran un paradigma de la época: los hombres solteros debían tomar una esposa conveniente y digna para preservar las castas aristocráticas. Mientras que las mujeres tenían que esperar pasivamente a un pretendiente que les asegurara un lugar en la sociedad y bienestar tanto para sí mismas, como para sus demás hermanas, en caso de que estas no recibieran una propuesta matrimonial y se quedaran solteras.

No en vano la anécdota que da comienzo a la historia es la llegada de los adinerados Mr. Bingley y Mr. Darcy a Netherfield Park, donde vive la familia Bennet, con sus cinco hijas solteras. Ellas, por el hecho de ser mujeres, no tienen derecho a heredar la casa de su padre, pues esta debe pasar a manos de su primo, Mr. Collins, lo cual las obliga a buscar un matrimonio conveniente y a hacer de ese, su único propósito existencial.

El amor por encima de todo

Tanto en la historia de Austen, como en la puesta en escena de Wright queda demostrado que las diferencias sociales no impiden que el verdadero amor irrumpa en la vida de Mr. Darcy y Elizabeth. Para ellos, se trata de un sentimiento implacable, total, absorbente, un impulso pasional absoluto y radical, un gesto novedoso, alterador de la conciencia y propiciado para ambos por un objeto de deseo bello, bueno, amable, escurridizo y difícil de alcanzar.

Ambos cuentan con carácteres tan contrastados, que logran ser creíbles en la película gracias al cuidadoso casting, que escogió al inexpresivo y un tanto frío Matthew Macfadyen para interpretar al altivo Mr. Darcy, y a la juguetona, irónica y retadora de Keira Knightley, para el rol protagónico de Elizabeth Bennet.

Ellos encarnan con verosimilitud a los personajes de tinta de Austen, incluso en algunos de los episodios que no tienen lugar en el libro. Esto sucede, por ejemplo, cuando Mr. Darcy se acerca por primera vez a ella para declararle sus sentimientosCaptura de pantalla 2015-03-03 a las 11.23.36 p.m.: el escenario que Austen escogió fue un salón del palacio de Kent; mientras que en la película, la declaración se produce en medio de una tormenta, junto a un pasaje que colinda con un río y con una evidente agitación de parte de Mr. Darcy.

Algo similar sucede con la manera como se nos presentan los sentimientos de Elizabeth, en la escena en la que sueña y se ve a sí misma frente a un precipicio, con una angulación en contrapicado que hace que el espectador mire hacia arriba, de tal modo que se la ve superior, al tiempo que con algo de vértigo, pues es como si estuviera a punto de caer; es decir, de sucumbir a sus sentimientos.

En ambos casos, el director no sólo logra unos efectos estéticos intensos y contundentes, sino que además, traduce en imágenes el pensamiento y los sentimientos de sus personajes, que atraviesan por un dilema: entregarse a la experiencia amorosa o seguir enmarcados en las tradiciones y los convencionalismos de la época.

En ese sentido, no se puede olvidar que la novela se empezó a escribir en 1796, justo cuando los pilares de la democracia se estaban forjando y la burguesía había adquirido mucha fuerza dentro de la sociedad. Esto se manifiesta en la historia cuando Elizabeth se da cuenta de que hasta los sentimientos se deben democratizar y que justamente por eso, ella, que pertenece a la pequeña nobleza de provincia, es igual a las demás mujeres aristócratas y que independientemente de que su situación social no sea tan privilegiada, tiene derecho a aspirar a un hombre que aparentemente está fuera de su alcance.

De nuevo, el casting de la película juega un papel primordial, pues el cambio axiológico se hace palpable en la película por el contraste que existe entre Lady Catherine de Bourg (Judi Dench), encargada de representar a la más alta aristocracia y para quien prima el poder, la posición social, el honor, la rectitud, el dinero, la soberbia y la displicencia; frente a un Mister Darcy, que aún perteneciendo al mismo nivel social, deja en segundo plano su cuna y su fortuna para tener a su lado a Elizabeth, pues ella, a diferencia de todas las demás mujeres que lo rodean, no está buscando desesperadamente casarse, porque se sabe a sí misma suficientemente inteligente, cultivada, locuaz y determinada.

Todo ello se revela pronto en la película: durante el baile público de Netherfield Park, en el que Wright introduce una conversación que no tiene lugar en la novela y que hace a Elizabeth más atractiva y retadora a los ojos de Mr. Darcy, cuando habla acerca de cómo la danza es mucho más útil para encender el amor que la poesía misma. Allí, demuestra que su carácter lejos de ser el de una niña frágil, es fuerte, decidido e impetuoso, tanto que llama su atención, lo fascina y lo atrae, desde ese nuevo modelo de mujer que es ella.

Esas entrelíneas de la historia de Austen quedan siempre presentes en la película de Wright, puesto que la recreación de los personajes, la reconstrucción de ciertos episodios, a su vez que la creación de momentos que jamás tienen lugar en el libro, ponen al descubierto de qué manera tanto Elizabeth, como Mr. Darcy son personajes adelantados para su época y que comulgan con la manera como hoy, se asumen los sentimientos. Se trata entonces de una película y, sobre todo de un director, que logró hacer una recepción activa y honesta de la obra literaria, y lo que es más importante, una valoración profunda de la misma, en la medida en que creó una nueva obra con otro lenguaje.

 

 ·       Orgullo y Prejuicio (Pride and Prejudice, título original)·      Dirigida por Joe Wright ·      Basada en la novela de Jane Austen·      Con el guión de Deborah Moggach

·      Protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen

·      2005

·      Trailer: http://www.imdb.com/title/tt0414387/?ref_=fn_al_tt_4


·      Otras cintas relacionadas
:

 

–  Miss Austen Regrets: https://www.youtube.com/watch?v=kSY1QlCCvWY

Orgullo y prejuicio (BBC): https://www.youtube.com/watch?v=PG39YnhjNrw

 

Melissa Serrato Ramírez

Octubre 13 de 2014

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