America Latina/Arte/Identidades culturales y política en Latino América

Marco Layera: resentimiento y provocación para un teatro nuevo

La reivindicación de una generación

Dirige su compañía, es maestro e intenta desarrollar una nueva forma de hacer teatroMarco Layera es el director de la compañía La Re-sentida que hasta el 11 de diciembre presenta La Imaginación del futuro en el Festival d’Automne de París.

Marco Layera en el Festival de Aviñón Fotografía tomada del sitio del Festival de Aviñón

Marco Layera en el Festival de Aviñón
Fotografía tomada del sitio del Festival de Aviñón

Hacer teatro en Chile es un acto político, un acto de amor. Es lo que piensa Marco Layera, un director que propone una forma de hacer teatro muy innovadora.

Tan criticado como apreciado en Aviñón, Marco continúa exportando sus obras a París. En 2008, funda La Re-sentida y empieza su viaje entre resentimiento, rabia, ironía e identidad. En este viaje no está sólo: los siete actores que forman parte de su compañía (Diego Acuña, Nicolás Herrera, Carolina de la Maza, Pedro Muñoz, Carolina Palacios, Benjamín Westfall e Ignacio Yovane), son también sus compañeros de ideología que además colaboran en la escritura de sus obras.

Layera quiere impactar, sacar al público de su torpeza y denunciar las desigualdades que siguen existiendo en Chile. Este joven director está listo para la autocrítica y el cambio. ¿Y ustedes?

DEL DERECHO AL TEATRO: EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD

Marco Layera nació en una época de transformación y despertar popular. A pesar de la dictadura de Pinochet, algo estaba empezando a cambiar en Chile y en las nuevas generaciones.

Para dar el buen ejemplo a sus hermanos, Marco decidió estudiar derecho en la Universidad de Chile, y viniendo de una familia modesta, vio en esta profesión una salida económica para él y su familia. Sin embargo, a sus 25 años, el amor por el arte lo llevó por las riendas del teatro, sabiendo además que esta era la única profesión que lo haría feliz. Una elección difícil la de Marco conociendo el contexto de su país que, en aquella época, vivía una crisis muy compleja.

Entre las diferentes escuelas de teatro que frecuentó, sólo una le permitió prepararse de manera completa. El Teatro Escuela La Matriz en Valparaíso fue el lugar en donde encontró una formación actoral integra, que además le aportó una conciencia política y social. “Era una escuela muy disciplinada, con muy pocos alumnos, pero muy crítica, con mucho estudio teórico y también mucha exigencia en la puesta de escena, que era un foco de pensamiento, de reflexión y de exploración teatral”, nos revela Marco. Paradójicamente, fue gracias a la realización de su primera obra en la Escuela, que Layera descubrió una pasión oculta, la de ser director. De hecho, lo que le atrajo era el hecho de estar fuera de una obra, viéndola: “Tuve la oportunidad de actuar en una obra que desgraciadamente no me gustaba. En aquel momento vi la diferencia entre estar afuera y estar adentro. Me sentí muy incómodo como actor, actuando en una obra que no me gustaba, pero que me pagaba”.

EL RIESGO DE UNA PASIÓN HECHA DE IDEALES

 En Chile hay muy poco dinero para el teatro y la gente no va mucho a los espectáculos”

Hacer teatro en Chile es muy difícil. A pesar de que durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), se vio un incremento del número de compañías teatrales (como ICTUS, Compañía de los cuatro, El túnel, Aleph, etc.), hoy la situación ha cambiado. “En Chile hay muy poco dinero para el teatro y la gente no va mucho a los espectáculos. No hay una subvención estatal, ni una infraestructura como existe en Europa”, dice Marco cuando nos revela que en su país la cultura no tiene importancia y que es muy difícil dedicarse completamente al teatro. La política sigue condicionando el teatro chileno, como ya lo hizo en el pasado. “Hoy en día, el teatro es tan precario que no es posible organizar audiciones como se hace en otros países”, considera Layera. Además, afirma que la mayoría de los directores buscan a los actores dentro su círculo de amigos. Sin embargo, en esta situación existe también algo positivo:  “El teatro chileno es como una familia, una comunidad donde todos trabajan con mucha vocación dado que no consiguen ganar dinero a través de su actividad”, nos explica Layera.

 “Hacer teatro es un acto político y un acto de amor porque casi se tiene que pagar para verter sudor. Es un acto gratuito, un sacrificio”

En 2008 Marco creó su propia “familia”, La Re-sentida. Para este fin, escogió algunos de sus compañeros, con los que compartía la misma visión del teatro y de la sociedad: “Teníamos las mismas heridas, la misma visión de las cosas y de la política”. La Re-sentida ha llegado hasta el 2014 con el objetivo de “volver a sentir”. “Nos sentimos heridos, nos duelen las cosas. Queríamos hacer un teatro nuevo, una plataforma para decir lo que sentíamos como jóvenes”. Además de volver a sentir, la compañía mezcla lo laboral con la pasión, la vocación y la amistad: “Tenemos vínculos laborales y lazos emocionales desde hace mucho tiempo”. Marco agrega que La Re-sentida es una comunidad ideológica, de humor y de personalidad donde todos cooperan en la escritura de las obras.

Compañía La Re-sentida Fotografía tomada del Blog de La Re-sentida

Compañía La Re-sentida
Fotografía tomada del Blog de La Re-sentida

EL RESENTIMIENTO DE UNA GENERACIÓN

 “Somos una generación que no le ha pasado nada”

El teatro de Marco forma parte de una generación post-dictadura que se queda fuera de los grandes acontecimientos vividos por Chile. Éstos han influenciado mucho la generación que vivió durante la dictadura de Pinochet y que enseñó a la sucesiva, los valores de “igualdad, libertad, solidaridad, pluralismo y democracia”. En el montaje Tratando de hacer una obra que cambie el mundo (2013), los actores siguen repitiendo “somos una generación que no le ha pasado nada”. El resentimiento que La Re-sentida expresa en su teatro “nace de la rabia frente a una generación que, después de haber enseñado determinados valores, se olvidó de ellos y se acomodó sin hacer nada”. Marco nos explica que después de 20 años de quietud, algo en Chile cambió. La generación posterior a la suya, la que empezó con el Invierno estudiantil chileno en 2011, comenzó a revindicar sus derechos. “Fue muy importante esta movilización, porque aunque se tenga otra visión para afuera, Chile es un país groseramente desigual”, nos dice Layera, explicándonos que en Chile si no se tiene dinero, no se puede tener educación. De hecho, debido a su iniquidad económica, Chile es uno de los países menos igualitarios a nivel social en el mundo.

 “Yo tengo mucha pretensión con el teatro: es un espacio de reflexión, de libertad, un espacio que no existe, muy subversivo”

En este contexto se inscribe el trabajo de Marco; su obra intenta hacer reflexionar al público. “Yo tengo mucha pretensión con el teatro: es un espacio de reflexión, de libertad, un espacio que no existe, muy subversivo”. ¿Y cómo ha sido acogido este teatro tan “revolucionario”?  La Re-sentida ha sido bien recibida en varios escenarios mundiales (Brasil, Argentina, Bélgica, Holanda, Polonia, Estonia, Italia, Alemania, España, etc.). La buena recepción de La imaginación del futuro (2013), presentada en el Festival de Aviñón (Francia) no fue unánime: “algunos críticos que nos atacaron fueron muy violentos”, nos revela Layera.

 “El problema es que las críticas no hicieron una lectura profunda, se fijaron en lo superficial, no entendieron la ironía”

“Los franceses tienen una concepción de Salvador Allende como un ícono sacro, pero nosotros lo desacralizamos. Las críticas no hicieron una lectura profunda, se fijaron en lo superficial, no entendieron la ironía”, dice Marco cuando nos explica que en Aviñón fueron acusados por revisionismo y por negacionismo, algo que no tiene nada que ver con su teatro. Al mismo tiempo el director reconoce que es esta la finalidad de su teatro de izquierda: causar discusión, hacer que las personas se cuestionen.

Y La Re-sentida sigue adelante con su teatro provocador. Con La dictadura de lo cool se va a poner en escena un “espectáculo sobre esta nueva clase de bohemios burgueses, una clase que viene a humanizar el capitalismo; es una forma de imponer una nueva cultura, una clase social vacía en todos los contenidos”.

Si ustedes también quieren cuestionarse y reflexionar, desde el 3 hasta el 12 de Diciembre, el Festival d’Automne de París presentará La Re-sentida.

La imaginación del futuro Fotografía tomada del sitio del Festival de Aviñón

La imaginación del futuro
Fotografía tomada del sitio del Festival de Aviñón

 

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