America Latina/Arte/Identidades

IGNACIO RODRIGUEZ Y EL TEATRO QUE CURA HERIDAS

“Sigo teniendo la esperanza, el sueño o la utopía de que todo puede cambiar”

Músico, compositor, director y actor que ha entregado su vida a una de las compañías emergentes de teatro más importantes de Colombia. Ignacio Rodríguez, el hombre de Umbral Teatro.

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*Fotografía tomada de http://www.umbralteatro.com/

Músico de tradición familiar y formación, actor y director, hoy en día Ignacio Rodríguez  junto a su esposa Carolina Vivas están llevando el teatro colombiano a los rincones más inesperados del mundo.

París, 27 de Octubre de 2014. La majestuosa Iglesia de Saint Merry, en un rincón escondido de París, una noche fría y unas cuantas personas, diminutas frente a la inmensidad del templo, son testigos de la obra  “La que no fue” de Umbral Teatro. Por cerca de hora y media, 5 actrices son las encargadas de retratar el paso de 3 generaciones a través de la historia de sus abuelas, sus madres y  ellas mismas. Canciones típicas de Colombia resuenan en la iglesia, mientras las voces de las artistas narran una retrospectiva de la mujer colombiana.

Ocasión propicia para el encuentro con el maestro Ignacio Rodríguez. Un día después de su presentación en París, Ignacio nos compartió un “pedacito” de su vida junto a Umbral Teatro, la compañía que a través del arte sana las heridas de la violencia colombiana.

UN TEATRO CON IDEALES

En una época donde el arte y la cultura combaten desarmados a la superficialidad comercial del entretenimiento básico, Ignacio Rodríguez nos da un ejemplo de  vida y obra dedicadas a nutrir el sueño dionisiaco.

Corría la década de los setentas, en los pasillos de la Universidad Nacional de Colombia,  y como quizás en todas las universidades públicas de Latinoamérica, el aire estaba lleno de ideas de igualdad social, de reforma política y de revolución.  Fue de allí, más exactamente de las aulas de la facultad de derecho, que un joven fue reclamado por las tablas del escenario para dedicar su vida al teatro.

Yo era un activista político” dice Rodríguez, cuando nos cuenta cómo fue que decidió dejar sus estudios de derecho para dedicarse al teatro. La pasión por el arte y la lucha  fueron atrapando a Ignacio. “En la época, yo participaba en las políticas comunistas, esto era para mí un movimiento súper interesante”. Sin embargo, más que sus ideologías, fue la música la que encaminó a Ignacio Rodríguez en el arte teatral.

Proveniente de una familia de músicos, en su infancia, el maestro Ignacio tuvo una adecuada instrucción que continuó en sus días de universitario. Recibió entonces una invitación del teatro La Candelaria para musicalizar una obra. Esta invitación terminó significando cerca de 10 años de trabajo ininterrumpido, en donde además de aprender la labor de actor y de escritor, germinó la semilla de la dirección.

Cuando su concepto estuvo suficientemente estructurado, el maestro Ignacio decidió en compañía de algunos colegas, montar un “grupo aparte”.  Nace allí Umbral Teatro. Una fundación, como ella misma se describe, tiene como objetivo principal “ser un equipo de investigación y creación, que formule preguntas al oficio y al país”.  De esta manera, Umbral Teatro cumple 23 años de trabajo con un estatuto pedagógico claro.  Así mismo, el grupo intenta continuamente hacer a la audiencia participe de sus obra y a través de los años ha manejado tres ejes transversales que se han convertido en una firma para la fundación como lo afirma el propio Ignacio:   “Escogimos tres temas que siempre nos habían dado vueltas en la cabeza: lo místico, lo erótico y lo policiaco, es decir el que busca indicios”.

TOMANDO EL RIESGO DE LAS ARTES

Una persona que estudia este oficio

tiene que salir a ejercer y

sobre todo a buscar con que comer”.

Desempeñarse en el campo del arte no es una decisión fácil. Muy seguramente la mayoría de artistas colombianos se han visto abatidos con preguntas similares: ¿De qué piensa vivir?, ¿Eso si le da para comer? Comentarios como “vas a tener que aprender a vivir del aire” son el pan de cada día. Y es que no es fácil, teniendo en cuenta que la crisis económica es un factor común en muchos países. Y en Colombia, los elementos fuera de la canasta familiar se convierten en inaccesibles para una persona de clase media.

Pero esto no es solo una cuestión económica.  La comercialización del arte como entretenimiento lucrativo es el panorama con el que combaten hoy en día muchos artistas.

La gente se ha marginado de los espectáculos culturales inicialmente por el gasto superfluo que significa, encontrándole  su remplazo en un aparato que ofrece gran variedad por casi nada a cambio: la televisión. Lo que supone para los artistas la búsqueda de ingresos económicos provenientes de otras fuentes. Como resalta Ignacio: “Un actor de teatro tiene que trabajar en televisión, buscar el cine, tratar de conformar combos  con el fin de sobrevivir”.

Pero, no solo el aspecto lucrativo ha generado un cambio en la percepción de las artes. Así mismo, Rodríguez hace alusión al cambio de mentalidad que ha visto en la nueva generación de actores profesionales, los cuales abordan la profesión desde un punto de vista muy diferente al antiguo. Como él mismo afirma: “el hecho de profesionalizar el oficio ha sido muy importante. Sin embargo, no se conserva la pasión con la que uno hacía esto”.

Sin embargo, en esta evolución del oficio, no podemos considerar que todo sea malo. Ignacio menciona: “Uno debe combinar el oficio de actor con el de profesor. Enseñar es una parte importante en la vida. Alguien tiene que enseñar, alguien tiene que estar ahí. Y es que Rodríguez lleva alrededor de 15 años formando las nuevas generaciones de actores en la Academia Superior de Artes de Bogotá, ASAB.

UN TEATRO PARA SANAR HERIDAS

“El arte conserva su función que es única, la de dar al individuo el poder de soñar, de esperar, de sobrevivir a las afrentas del dolor inherente a la vida, a las situaciones extremas, de aceptar renunciar al “paraíso perdido” de la infancia. (Gaetner)

Más allá del trabajo meramente artístico, la fundación Umbral Teatro desempeña una labor cuya importancia no tiene discusión en un país con los problemas sociales, consecuencia del conflicto político que se vive en Colombia. Rodríguez, con Umbral Teatro, ha llegado a trabajar en lugares en donde la violencia hace parte de la cotidianidad. El propio Ignacio cuenta su experiencia: “hemos trabajado en Los Montes de María, en el Caquetá, en el Cauca… Vamos y trabajamos con las víctimas y ponemos al servicio de la sanación las herramientas del arte y el teatro”.

Una obra denominada Cuerpo, Fiesta, Humor y Sanación, ha sido implementada con un éxito rotundo dentro de una población que vive una situación crítica. La intención no es simplemente generar un espacio de realidad paralela a una vida cargada de drama. Se trata de cambiar la mentalidad de las personas ampliando la visión de lo que es posible, de lo que es capaz, de lo que merece, y del sentido de la libertad. “Todos somos unos seres de luz, capaces de hacer cosas, de proponer, de trabajar” agrega el maestro Ignacio.

Así mismo, Umbral Teatro trabaja dentro de la ciudad con grupos sociales de riesgo: LGBT, prostitutas, desplazados, etc.  Estos son un blanco frecuente para el trabajo social que desempeña Umbral Teatro.  A su vez, la compañía recibe una ganancia agregada a  la satisfacción de servir al prójimo. Un trabajo que para Ignacio significa: “un aprendizaje que da herramientas para poder proponer nuevas maneras de hacer el oficio”.  Además, de un inmensurable material para crear nuevas historias.
Sin embargo, este no es un nuevo rol para Rodríguez. Hace algunos años, el maestro Ignacio participó en un conocido programa que consistía en rescatar jóvenes de las calles. Sacarlos de las esquinas para formarlos en el teatro, la música, etc. Tejedores de Sociedad, le mostró en su momento a la juventud bogotana, una forma de vida, un camino. Este programa no solo se encargó de encontrar los diamantes en bruto sino también de pulirlos. “Yo me iba a los barrios, a la esquina a recoger a los jóvenes. Entonces pum! descubrir el teatro y decir: ¡esta es mi posibilidad!” Son las palabras pronunciadas con emoción por el maestro Ignacio cuando nos cuenta esta experiencia.

Cada quien encuentra su recompensa en el trabajo social, pero cuando le preguntamos a Ignacio cual era la mayor satisfacción de trabajar con comunidades vulnerables nos respondió lo siguiente: “con el arte, la gente se vuelve otra, en fracción de segundos.  Todos deberíamos ser artistas. Todos somos artistas ¡esa es la mayor recompensa!”.

El maestro Rodríguez concluye el recuento de su “pedacito” de vida diciendo: “Yo sigo teniendo la esperanza, el sueño o la utopía de que todo puede cambiar” Un ejemplo de trabajo social que hace soñar un cambio tanto a los colombianos como a Ignacio.

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*Fotografía tomada de https://www.facebook.com/photo.

Galeria de imagenes

Por Oriana Loladolores.
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