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Payaso en los hospitales: una figura paradójica entre debilidad y solidez, ilustrada por Marie Daguerre

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                                                Marie Daguerre  (payaso « NezToile » para los hospitales).

                                                                                                                Foto de Karim Arsad.

Actriz-cantante, Marie Daguerre botó el problema de las definiciones profesionales fijas y finalmente adoptó la figura paradójica de payaso en los hospitales. Una declinación moderna de una función milenaria que genera fuerzas de vulnerabilidades para que florezca vida en la de los demás.

Choque del payaso con la institución hospitalaria: paradoja fundadora

Inicialmente, las instituciones  se caracterizaban por una lógica de control social, una de servicio y otra relacional. Por restricciones financieras, disminuciones de personal y búsqueda de rentabilidad cada vez mayor, el hospital como muchas otras instituciones, ya no pudo asegurar el último. La desconfianza del individuo moderno frente a la rigidez de las instituciones tampoco favoreció el mantenimiento de este funcionamiento multipolar.

El hospital se transformó en un espacio racional y siempre más previsible, apartado de los otros lugares de vida.  Allí, “son considerados como enfermos,  en habitaciones numeradas”, dice Marie Daguerre.  Una vez a la semana,  encuentra  pacientes en los servicios de cuidados paliativos del departamento de cancerología para adultos.

Serio, tensión, muerte. Risa, payasada y grotesco.  Son dos mundos aparentemente opuestos que chocan, cuando  Marie Daguerre se presenta ante los médicos que la informan sobre la condición de las personas que va a visitar. Representa un trabajo de integración recíproca. Hay que entender un poco el vocabulario médico, saber lo que cada enfermedad representa, conocer el funcionamiento de la institución. Es una función muy peculiar: “Yo no me voy al hospital para escuchar la gente como si fuera una persona de la familia o un médico.”  El  personaje “un poco feérico” que ella presenta se enfrenta con una serie de prejuicios por parte de los enfermos. La noción de  “payaso” despierta un imaginario colectivo muy anclado en la sociedad occidental y la aceptación de Rosa Tapioca (el payaso de Marie Daguerre) no se puede considerar como un hecho ordinario. “Pueden tener la impresión de que quiero infantilizarlos, cuando ya la situación del hospital de por sí los infantiliza”.

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                                                                                                                 Payasos de la asociación NezToile.

Una integración frágil que ocasiona el desarrollo de grandes facultades

El payaso llega como una “sorpresa”. Si la gente lo acepta dentro de la esfera personal de su habitación, también es que la función de payaso se adaptó al hospital.  El grotesco se utiliza con una gran prudencia en este universo en el que nada justifica la presencia del artista, a nivel utilitario. De la representación en los circos, los payasos pasaron a una modalidad de trabajo que se centra más en la relación.

Al contrario de las representaciones teatrales, que funcionan con convenciones («el actor entra y el público se calla»), no hay nada obligado en los hospitales. Esta situación, Marie Daguerre ya la experimentó como actriz, al actuar en cafés.  Uno debe integrarse en una realidad que existe ya, independientemente de la presencia del payaso o del actor. Esa vulnerabilidad exige movilizar un amplio panel de facultades profesionales y sensitivas que ella desarrolló a lo largo de su carrera como actriz y cantante.

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                                                                                                     Marie Daguerre cantadora

“Los adultos vienen con toda la experiencia de la vida, todas la cosas que han fallado, todo la tristeza o la amargura”. No se trata de negar esas realidades sino de integrar todo lo que se presenta. El payaso tiene esa capacidad. Puede ser porque, para ser payaso, hay que enfrentarse con sus propios miedos, vivir con ellos. Hay que desnudarse y dejar que los otros vean nuestras vulnerabilidades. El payaso  abdica el control, entrega el poder, se entrega totalmente a la vida, con todas sus características propias. “No podemos engañar, ni esperar algo de la otra persona”, nota Marie Daguerre. De las dificultades nacen nuevas capacidades.

Integración completa de la persona en la relación social, incluyendo las contradicciones: una fuerza

El payaso de hospital aparece como una manifestación paradójica de una modernidad que vacila entre fuerte individualidad y deseo de relacionarse. Las redes sociales como Facebook ocasionan un existir fuera de una realidad física que busca reivindicarse mediante el frenesí de las “publicaciones”.  Al mismo tiempo que la presencia de internet permite al individuo definirse a partir de contenidos muy diversos, “mosaicos”;  se ocasiona cada vez más distancia entre los individuos y se generan numerosas crisis de identidad en la sociedad. Así a veces se dan urgencias más sociales que médicas en los hospitales. Se presentan como unos de los lugares que frecuentemente acogen estos desequilibrios, que la sociedad no quiere o sabe integrar.

“La gente no me mira, yo miro a la gente”, reivindica Marie Daguerre: “son ellos los actores”. “Si no podemos cambiar la vida, podemos cambiar la visión que tenemos de ella”, propone la asociación NezToile dentro de la que se inscribe. El momento fugaz pero intenso del encuentro con el payaso, da la posibilidad de una reinvención de la  persona mediante la imaginación. El payaso se dirige al ser intocable dentro de la persona enferma, situándose fuera de todas las etiquetas. “Sé la enfermedad pero no me fijo en ella, me intereso por la persona en su globalidad,  sus sueños, lo que le gusta hacer”. Así la dimensión de la persona cuya expresión queda  frenada por su situación puede expresarse. Es uno de los papeles del artista: “mostrar que todo es posible”.

La indefinible Marie Daguerre define así la esencia de su trabajo: “No es cuestión de tortas y cremas. Yo intento mostrar  todo lo que quiero esconder. Mostrar todo del humano para que el otro pueda reconocerse, aceptarse en todos sus aspectos y recoger su dignidad. Eso da una libertad increíble. Es lo que el artista, y específicamente el payaso permite a la gente.” Pero uno  tiene que mostrar sus fallas, y “olvidar todas la cosas a las que está acostumbrado”. Y es una de las grandes diferencias entre los payasos y muchos actores según ella: “El actor quiere la admiración, quiere mostrar  lo más admirable de su ser ».

El equilibrio precario de una profesión que ya no tiene existencia profesional en sí: ser sin justificación

No obstante, no se trata de engañarse: el payaso, sí, tiene que seducir. De hecho, el éxito de su actividad se debe esencialmente a la buena fama que tiene en las representaciones de los medios y de la gente.

En efecto, esa actividad, presentada por primera vez en Francia en 1991, por Caroline Simonds y su fundación Le rire médecin, todavía no tiene reconocimiento profesional oficial.  Su empresa permite hoy que 71000 pacientes reciban  visitas de payasos. Pero la mayoría de los medios financieros vienen del mecenazgo; aunque, al ser reconocida como asociación de interés general, recibe subvenciones de la región Ile de France.  La asociación de Sandra Meunier, NezToile, que existe desde 2002, sigue este mismo modelo. Los artistas reciben cachés como actores pero no existe ningún reconocimiento del estatuto de “payaso de hospitales” en sí. La asociación debe mayoritariamente su existencia a los dones.

Algunos consideran que este estatuto no oficial favorece el trabajo del payaso, quien obra fuera de las etiquetas. Para ellos, la falta de rigidez en la definición, favorece la mediación y de hecho se sitúa en el “entre” de la relación. Así cuando se creó en 2004, en Suecia, la Association romande des clowns d’hôpitaux, algunos payasos pioneros consideraron que esa búsqueda de anclaje era la manifestación de la tendencia a la justificación que solemos tener hoy en día con internet, el mestizaje y la inseguridad identitaria. Para ellos, el payaso se encuentra del lado del ser y por ello, no tiene por qué justificarse.

La figura ambigua del payaso y la del griote africano: una misma esencia eterna

Esa nueva profesión recuerda mucho los griotes en las sociedades africanas antiguas cuya función no admitía ninguna limitación o definición fija. Sus actividades se extendían en casi todos los ámbitos de la vida: político (embajador y mediador asociado con el poder y encargado de impedir las guerras), médico (curandero), artístico (músico; cantante; poeta), escolar (transmisor de la historia y de los saberes de desorden indomable, fuente de todas las creatividades), social (facilitador de la expresión de emociones y formas del ser reprimidos por la sociedad)… Era un ser profundo y ambiguo, dotado de fuerzas vitales excepcionales y también lo temían, lo burlaban y lo excluían a veces, pero siempre se reconocía la necesidad de su presencia.

El payaso, como él, es una figura a la vez nueva y milenaria que todos conocemos pero cuya función paradójica resiste a las definiciones objetivas. Por ello es vulnerable y adopta las características de las épocas en las que surge. Así, hace algunos meses, el payaso se presentó como reflejo de un malestar de la sociedad cuando algunos lo utilizaron como disfraz para robar y atacar.

El griote como el payaso tiene la potencialidad simbólica abierta que le permite tanto reflejar como encarnar todas las posibilidades y tendencias del humano. Por ello puede dar miedo.

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          Estatuas parisinas “apayasadas”  por Clown sans frontières  para la operación 1000NR (Nariz Roja) en 2012.

Una profesión social que integra una fe personal: un arraigo profundo

Marie Daguerre, como muchos otros, integra este trabajo dentro de otras actividades artísticas.  Como para la mayoría, esa “profesión de payaso de hospitales” llegó en su trayecto profesional como un medio para poner en juego la multitud de facultades que elaboró a lo largo de su carrera artística. Era como “el resumen de todo lo que me interesaba en la vida”. Se asociaba también con su historia personal: pasó tiempo en un hospital en su infancia. Pasando de una a otra de sus tendencias artísticas, le permite viajar, que es  el oficio con el que  soñaba de niña: “actriz o viajadora”.

Pero, y eso es lo más peculiar: llegó como una manera de integrar su fe budista en la globalidad de su vida. “El maestro budista siempre nos invita a actuar en la sociedad y a poner  el budismo en el centro de la vida para que todos los aspectos de nuestras vidas tengan impregnación de nuestra fe. Así que me quedaba con esa idea siempre presente pero sin saber qué hacer”.

La inspiración vino de su amigo y colega músico William Herremy, quien fue dos veces instigador de cambios profundos en su vida artística. Fue él quien le escribió un álbum de canciones cuando ella sólo cantaba en la intimidad y en los espectáculos para niños que presentaba con él. Fue él quien le habló de esa “nueva profesión de payaso en los hospitales” que  pensaba adoptar, lo que nunca sucedió para él al final.  A veces existen las hadas.

“Sabes, trabajé un poco con el griot Sotigui Kouyate”, me confió Marie Daguerre. Y no me sorprendió.

Marine Mathieu

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                                                                                            Fotografía de Marie Daguerre

Para profundizar:

-CAMARA, Sory. (1992). Gens de la parole : essai sur la condition et le rôle des griots dans la société malinké, Paris, ACCT (Agence de coopération culturelle et technique).

-CRETTAZ, Aline. (2006). Clown d’hôpital : le jeu d’être soi, Suisse, Fribourg, Editions Saint-Paul.

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