Artes y cine/Identidades culturales y política en Latino América

“Las imágenes prohibidas” abren la caja de pandora

Pablo-Salas-Chile

Pablo Salas en una foto de la Universidad de Chile.

El 11 de septiembre del 2013, a 40 años del golpe militar que originó 17 años de dictadura, sellados por un pacto de olvido, se enseñan por primera vez en televisión chilena las imágenes crudas que fotógrafos, cineastas y periodistas revelaron al mundo… A pesar de una sintonía record, CHV suma un centenar de denuncias: una recepción emocional, fuerte, años después, que pone al desnudo las herencias de un pasado que no ha pasado.  El paralelo con lo que son las imágenes arquetípicas abre nuevas perspectivas sobre el debate.

La potencia arquetípica de las imágenes abre el debate

El hombre surge en un mundo que no entienda y por ello, él trata de interpretarlo. Al mirar todas las cinco horas del documental conducida por el actor Benjamín Vicuña de una vez, me sentí como después de haber llorado un día entero al final de un amor primordial.  Era el de un pueblo en estado amoroso, para retomar las frases de Gúzman al evocar los años de la Unidad Popular. Pero me sentí personalmente afectada. Como si fuera mi drama que se presentara ante mis propios ojos. De antemano, pensé en las imágenes arquetípicas, aquellas representaciones de manifestaciones  primitivas y vitales que no entendemos y que tratemos luego de explicar. Sin carga de juicio negativo o positivo, presentan a nuestras mentes puntos de referencia con potencia inalterable para pensar. Según dijo Jung, sus emergencias son como empujes vitales caóticos de  contenidos psíquicos pasados del inconsciente personal o colectivo en busca de realización o de resolución. Las imágenes prohibidas, según me pareció, tienen esa potencia arquetípica. Me procuraron este mismo efecto.

Algo horroroso, épico y espantoso sale a la luz mediante la crudeza de esas escenas de lucha y de represión chilenas: guanacos disparando sobre los manifestantes, personas transformadas en torchas vivas, miembros quebrados por las porras, ojos arrancados y gente sangrando en el suelo, desapariciones todavía misteriosas, mujeres gimiendo “¿Hasta cuándo, mataremos a nuestra gente?”, lloros, gritos, dolor, miedo, rabia, impotencia y el palacio de la moneda humeante y convertido en ruina por el bombardeo…

Para coronar al conjunto: en el primer capítulo domina el lugar que eligieron los militares para las detenciones, torturas y matanzas, el Estadio Nacional, símbolo de  cohesión,  teatro griego donde presenciamos la tragedia antigua que sucede dentro del ruedo de este extraño nuevo teatro moderno. La música popular asociada a un montaje sabio permite aumentar aún más la fuerza emocional que se desprende ya de las imágenes y uno no puede sino llorar.

“Catársis” y “abrir la caja de pandora” fueron las palabras que periodistas de El Mostrador y Periodistas en español.com invocaron para nombrar a esas largas difusiones de ChileVisión, evidenciando las dimensiones arquetípicas y míticas del documental. Esos términos que remiten al mito, derivación  más elaborada del arquetipo, por haberse transmitido a través de largos periodos de tiempo, confirmaron mi primera intuición.

Esta potencia, el director la logró precisamente por haber presentado las imágenes crudas, con tan poco explicaciones,  volviendo así a presentar el tema vibrante sin el prisma de las interpretaciones. Pero las reacciones fueron de las más contrastadas, revelando temas antiguos pendientes en la sociedad chilena actual.

El pasado se actualiza en la sociedad chilena.

Uno de los temas que se volvieron a presentar a la recepción, es el de la división. El documental refleje con montaje sabio las contradicciones entre el discurso oficial, las imágenes enseñadas en televisión y la realidad que dan a ver las imágenes prohibidas.  Se muestra con crudeza la violencia sufrida por buena parte de la población por culpa de los dirigentes. Todo eso da miedo a que resurgen los conflictos, a que “se genere división entre los chilenos”. Quejas alegaron que “la visión presentada estaba sesgada”. Unos partisanos de Pinochet acentuaron la crítica hasta decir que era propaganda.  No obstante, el apoyo enorme que recibió por otra parte el reportaje pone  de manifiesto un dualismo ya existente dentro de la sociedad chilena. Esas reflexiones se dan a conocer en una sociedad organizada de manera similar a la en que se dieron estos eventos. La componen los mismos actores: en los puestos dirigentes se encuentran participantes de los crímenes de la dictadura. Por otro lado, el aspecto muy emocional de las protestas demuestra cuánto la sociedad sigue actualmente marcada por esos temas. Numerosos artículos en la prensa lo analizan como el síntoma de que Chile sigue muy impregnado en el presente de las realidades que evoca el documental.

Otro elemento de las querellas, lo ilustra una publicación de la prensa alternativa El Quinto Poder que reivindica “el derecho a no-querer-ver”, y en ello, encontramos al nudo central de nuestro propósito: lo que significa ver o no ver, lo que representa el hecho de dar a ver o de censurar: el tema del ojo. Este dilema central queda perfectamente representado por el título con oxímoron “Imágenes prohibidas” que a la vez evoca el hecho de dar a ver (imagen) y la negación del ver (prohibida).  En un contexto de continuación del antiguo régimen dictatorial, con el que los chilenos nunca marcaron una verdadera ruptura, esta reivindicación sigue reflejando problemáticas propias al periodo de la dictadura. El miedo que resurge a nivel de la recepción del filme, acompañado de un  deseo de censura hace pensar en el argumento principal que presentaron los dirigentes militares para justificar el golpe de estado y el régimen militar. Ellos revindicaron un miedo a que el chaos se volviera incontrolable y destructor.

Del gran número de espectadores que acudieron a la emisión, muchos no estaban vivos durante la estos tiempos de violencia infernal. Las nuevas generaciones se interesan por un pasado que les sigue impregnando. Él  resurge en sus realidades diarias como si seguía sucediendo hoy mismo. Necesitan liberarse revisitándolo, como a esos niños del documental que “juegan” a perpetuar la violencia que presenciaron.

 “Las imágenes prohibidas” abren la posibilidad de una catarsis.

Por fin, las imágenes crudas, tan densas como arquetipos  permiten entonces una verdadera re-exploración en la sociedad chilena actual, de lo que sigue pendiente del pasado.  La emoción  que suscitan reaviva el debate evitando caer en juicios demasiado marcados que limitarían el alcance a un largo público.  De estás conjeturas, pudiera surgir la posibilidad de una liberación.  La recepción problemática, surge como síntoma de una emoción viva que pudiera confirmar el éxito de la empresa. Pero con ella  se revela también una mentalidad humana profunda, que a menudo prefiere el interpretar con dilemas maniqueas, al aceptar lo que surge.

Es Cambio 21, quién evoca el tema subyacente  que cerrará nuestro propósito.  Al hablar del periodismo,  el periodista concluía:  “Nuestro trabajo es civilizar. Informamos para evitar la barbarie de las pasiones desatadas en la ignorancia”. (http://www.cambio21.cl/cambio21/stat/movil/articulo.html?ts=20130830170014)

Con esta cita, se plantea la eternal cuestión de la barbarie que a menudo asociamos a algo externo a una sociedad y a su civilización. Frente a este « algo » violento, que no entendemos y que por ello no integramos a nuestra construcción social, sería entonces preciso  evitar todo contacto por peligro de contagiar. Nuestras sociedades humanas están repletas de esas esquivas: asilos psiquiátricos entre otros. En realidad, cuando la barbarie se revela interna, nuestras mentes no saben bien contra qué luchar, y luchan para no reconocer la realidad dolorosa que aparece. Pero, el resultado genera a menudo nuevos conflictos que reproducen la misma violencia.

¿Y si este documental, fuera un arte de los de Fernand Léger, quién, en su Ballet mecánico, cortaba el ojo para invitar a mirar nuevamente, con ojos inocentes? Con su arte, él proponía liberarnos de nuestros esquemas conocidos para interpretar lo percibido. Él libraba las imágenes, sin explicaciones.   Esos esquemas  fijos son los mismos que fragmentan la realidad en interpretaciones narrativas. Nos llevan a mirar los acontecimientos a través del espectro de nuestros miedos y conflictos internos. Nos permiten evitar  enfrentar la emoción primera pero tienen la desventaja de impedir que presenciemos los hechos en su globalidad.

¿Cuántas veces inventamos interpretaciones variadas que se suceden e intercambian para evitar que afloje nuestra emoción?

¿Y si fuera esta nueva visión sin divisiones que pudiera ocasionar la catarsis?

Presenciar la emoción, atravesarla, mirarla, y desentrañar los eventos que la originaron.

Este periodismo no sería uno del evitar, uno del miedo, sino uno que cura.

Marine Mathieu

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