Historia del periodismo/Pensando el periodismo

El pasado es un país lejano, en su espejo se revela el presente

Heraldo-de-Madrid

Una noticia central en el diario  el Heraldo de Madrid de 1890: LA ENFERMEDAD DEL POETA ZORRILLA, uno de los dramaturgos españoles más famosos del siglo 19.

Ejemplo de uno de los numerosos artículos publicados con mismo título: el del 12 de noviembre de 1890, sección “Ecos de Madrid”.

La mejoría del ilustre enfermo sigue acentuándose de un modo maravilloso. Ha pasado la noche anterior en estado tranquillo aunque sin poder conciliar el sueño hasta la madrugada de hoy. Durante la mañana la mejoría fue visible. Por la tarde, a última hora, el médico de cabecera, doctor Cano, pudo apreciar cuán gigantescos pasos daba la situación del enfermo hacia el recobro de la salud. En efecto, la fiebre ha desaparecido, el pulso está grandemente normalízalo; las fuerzas se han reanimado; la erisipela, en fin, ha empezado a ceder naturalmente. El milagro que todos los admiradores y amigos del insigne poeta invocaban, se va realizando, y ya sólo se abrigan lisonjeras esperanzas de pronto restablecimiento. Sin duda, además de las exquisitos cuidados de que ha sido objeto el paciente, ha contribuido mucho en el estado halagüeño en que hoy se encuentra, la energía de su voluntad, la grandeza de su espíritu, que no se ha abatido ni por un momento  al través de los riesgos de la enfermedad que le postra en cama. En pocas personas, a la verdad, se han podido reconocer mayores vigores de ánimo en apurados trances como en el poeta Zorrilla. En su  anterior enfermedad, cuando fue menester operarle un tumor en la cabeza, cuentan sus íntimos, que decía: —Distraedme los que estáis delante, mientras los que están detrás me cortan eso que me estorba. En la enfermedad que últimamente le aquejaba, sólo se oía en sus labios esta frase: —Estoy muy mal. El doctor Cano, por su parte, abrigaba serios temores. —No hay esperanza- decía estos días anteriores, cuando la gravedad del padecimiento era ostensible aun para los más legos en medicina;—no hay esperanza, sino se realiza un milagro. Y el milagro, al fin, parece realizarse. Hoy el médico de cabecera ha declarado que si no sobreviene alguna complicación inesperada, entrará pronto el egregio enfermo en un período de franca convalecencia. Se ha prescrito, a par de los medicamento pertinentes al caso, un régimen alimenticio sencillo, pero nutritivo; esto es: tapioca, que toma el enfermo de tres en tres horas. Creemos inútil decir que continúan visitando la casa del Sr. Zorrilla tantas o más personas que en días anteriores, congratulémonos todos hoy de la lisonjera noticia sobre la rápida mejoría del gran cantor de Granada.

Lo decía el geógrafo David Lowenthal: « el pasado es un país extraño ».

Hoy en día, para aparecer en un gran periódico, tal tema debería asociarse a la evocación de una enfermedad muy peculiar o sólo se evocaría al momento de la muerte del poeta. En aquella época, este artículo era uno de los numerosos publicados sobre el mismo tema, días anteriores o posteriores, bajo el mismo título de “la enfermedad del poeta Zorrilla” entre el periodo del 8 de noviembre al 17 de noviembre de 1890..  En nuestras épocas sumergidas a cada instante en nuevas informaciones más y más atractivas, tal énfasis en una noticia como ésa, parece casi imposible.

En cada uno de los artículos de mismo título sorprenden detalles muy personales como el de la dirección de la casa del poeta el 8 de noviembre. El 12, el periodista compara la naturaleza de las visitas respecto a otros días. Asombran las largas descripciones que evocan la evolución del estado del poeta a cada hora: calidad del sueño. Tanto más que cada publicación los vuelve a detallar actualizándolos. Poco neutro el periodista utiliza calificativos exaltados como “maravilloso”, “grandeza”, que marcan su implicación sujetiva. Se nota una postura respetuosa y casi cuidadosa hacia el poeta. De hecho El Heraldo concluye su serie de publicaciones por un “¡Quiera el cielo que estos síntomas sean precursores del completo restablecimiento del coronado poeta, para tranquilidad de los admiradores del arte poético! Lo deseamos de todas veras.”

El primer artículo va hasta dar la dirección de la casa del poeta. Hoy, parecería imposible sin que diera lugar a abusos. El periodista de ayer se interesaba por la persona, contaba largamente la salud de sus poetas, marcaba respecto y ternura en la manera de tratar su intimidad, y se implicaba como persona subjetiva. Hoy se cuenta mucho en la prensa amarillista pero de manera muy distinta: a menudo para burlarse y para alimentar una curiosidad algo ambigua.

“El pasado es siempre una reprimenda hacia la actualidad” decía el poeta Robert Penn Warren.

Sin ir tan lejos, desde la mirada de hoy, resulta sorprendente para nosotros la ternura de este artículo de prensa de 1890.

Respecto a la forma, en este pasado, sí reconocemos rasgos del género de la noticia hoy, pero el tono literario se reservaría para los reportajes. Las marcas de intimidad se presentarían en prensas amarillistas con mucho menos benevolencia hacia la persona “people”. Las marcas subjetivas se reservarían para los editoriales o los reportajes y las noticias de diarios comparables al Heraldo adoptarían un tono mucho más conciso y neutro.

Del Heraldo de Madrid al Diario de Madrid

Publicación vespertina o de la noche, El Heraldo de Madrid, que pareció por primera vez en 1890, llegará a tirar diversas ediciones diarias.  Gran diario de información general, fue uno de los con mayor tirada durante el primer tercio del siglo. En 4 páginas, daba amplio despliegue a las noticias de sucesos, pero también a las de carácter social y político, así como especial relieve a la información de espectáculos y a la vida y la crítica teatral. Incluía noticias económicas, de bolsa y telegramas del extranjero y de provincias, aunque será un periódico eminentemente madrileño. Contando con gran aceptación por parte de la clase obrera, fue fundado con una tendencia demócrata. En el sistema bipartidista de la monarquía de 1890 (bajo regencia de María Cristina para su hijo Alfonso XIII), se asociaba con el Partido Liberal que se oponía al Partido Conservador a favor de una monarquía absoluta. Al finalizar la guerra civil, varios de sus redactores fueron encarcelados y condenados a muerte y de sus talleres incautados nacerá el diario Madrid (1939-1971).

 

Marine Mathieu

 

Fuente para las informaciones respecto al diario: Hemeroteca digital española

(http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id:0000384902&lang=fr).

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