Cine/Identidades

Instinct : volcar los paradigmas

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Basta echar un vistazo al cartel de Instinct de John Turteltaub (1999) con Anthony Hopkins  para tener la idea de que se trata de un film de horror tipo El resplendor o, asociación aún más fácil : El silencio de los inocentes. Igualmente erraron numerosos críticos al presentar la obra como « un remake » pesado de dichas  películas. Si de horror algo tiene,  la obra estriba  más bien en la revelación sórdida de algunos de nuestros funcionamientos inhumanos  y erróneos  que cierta brutalidad animal permite aquí revelar. Finalmente, no podemos sino reconocer en ello  la profundidad y la complejidad de dramas humanos como El indomable Will Hunting o Descubriendo a Forrester.

El argumento tiene todo de un estereotipo: un primatólogo (Hopkins) lleva años viviendo con gorilas, años al cabo de los cuales  él termina matando a dos oficiales y queda encerrado en una cárcel. Un ambicioso psiquiatra (Cuba Gooding Junior) lo encuentra con la meta de conseguir salirle de su mutismo.

La historia resultaría de las más banales si en el argumento mismo no se introdujeran múltiples elementos equivocados por conclusiones rápidas y engañosas que el director expone a la manera de un mago: adivinando nuestros estereotipos, fingiendo solidarizarse con ellos para mejor exponer sus falsedades y nuestras torpezas. Los carteles que dan la impresión de que se trata de una película de horror tipo El resplendor, en la que Anthony Hopkins desempeña el papel de una bestia monstruosa, ya ilustran con anticipación cómo el director usa de “trampantojos” para invitarnos a caer y mejor revisar luego nuestra primera impresión.

En el mundo de Instinct, la violencia sirve para pacificar, la seguridad sirve para encarcelar y embrutecer, mientras que los animales nos humanizan.

Todo funciona como en un negativo fotográfico: ¡al revés!  No obstante, al final de la película, la imagen que tenemos del conjunto resulta de las más viables e incluso aparece más auténtica que lo que interpretábamos como real al principio: el revés ya no parece ser el revés. Finalmente se nos revela que nunca fueron de otro modo las cosas y que las creíamos al revés, por tener visiones trucadas.

El montaje rápido de planos, la música, el ambiente sonoro y los colores primarios utilizados dibujan los contornos de un mundo hecho de incertidumbres en el que, emocionados, aceptamos fácilmente todas esas permutaciones de nuestro mundo “conocido”.

Una buena película para invertir el esquema de Darwin y revisitar temas archetípicos y fundadores de nuestras humanidades como la dicotomía civilización y barbarie…

Con esta película no cabe duda de que el artista John Turteltaub procedió con la gracia de los alquimistas que transforman  materias primas conocidas en maravillas asombrosas, y la actuación de Anthony Hopkins, que desarrolla una vez más su talento para crear contrastes fuertes impredecibles, funciona como catalizador del cambio.

Marine Mathieu

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