America Latina

Gabriel García Márquez: casi cien años de pequeñitos realismos mágicos.

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(fotografías de Miguel Tovar/AP  y INDIRA RESTREPO)

En algún sitio de la memoria colectiva existe un refrán que dice: “las pequeñitas cosas son las que nos hacen grandes”.

A la víspera de las festividades de  pascua, en esa época de grandes tránsitos, Gabriel García Márquez se despidió.

Rindamosle un homenaje con un viaje a través de la  prensa española y latinoamericana, este jueves 17 de abril: ¡Emparejemonos a sus ojos!

En El País, ya aparece “La mirada infinita de Gabo”. Así se titula el artículo. Y así parece: una fotografía atrapa de entrada al lector y lo deja pendiente de las gafas extravagantes del famoso autor.

“Era un tímido de los mil demonios” relata Juan Cruz, adjunto a la dirección del diario. El artículo es uno de los numerosos publicados  en el periódico. Evoca  testimonios de sus familiares e otras personas cercanas.  De entre todas las citas, una anécdota exótica se destaca:  “Para romper el hielo, en su primera casa de Barcelona, había dispuesto una carcajada pregrabada que se activaba cuando el visitante traspasaba la puerta. Hecha la carcajada, ya había por dónde empezar, así que la conversación comenzaba como si él y quien había irrumpido llevaran horas hablando.”

Contrastando con esa tímida soledad: las revelaciones de El Tiempo, diario de mayor circulación en Colombia. Fue en este país donde nació al escritor.  Allí, en el legendario bar barranquillero se encontraba la “mafia” de amigos del  Nobel. La ‘mafia’, es decir  sus amigos, los escritores. “Amigos son los que uno quiere como son.” decía Gabriel García Márquez que glorificaba a las afinidades laborales al confiarse en una entrevista. “Los he escogido porque, primero, tienen una buena formación literaria; segundo, porque poseen muy buen criterio y, lo más importante de todo: que de verdad, me dicen lo que piensan, así sea lo más doloroso”.  Gabo consideraba que sin ellos, hubiera sido un escritor porque esa era su vocación, pero no hubiera sido Premio Nobel.  Él decía: « Eran unos tiempos raros en los que todo el mundo se ayudaba, de palabra o de obra, en la Barranquilla libre y liberal de los años 50”.

Bien se sabe: otro elemento que diferencia a un artista de otro en la muerte, es el alcance universal de sus creaciones.  Las anécdotas se pierdan en las voces de los vivos pero los escritos permanecen. No faltan las publicaciones que  evocan este gran logro creador del artista. El País propone una galería de los personajes míticos creados por García Márquez. El espectador, periódico rival de El tiempo en Colombia propone resumir Cien años de soledad a través de 30 citas. El diario argentino El Clarín propone una cronología de 42 de sus obras.  El periódico chileno El mercurio propone en su página web  una presentación interactiva, visual e sonora de este mismo libro.  El realismo mágico que lo caracteriza a menudo queda honrado y glorificado. No obstante,  El tiempo resume  esa profusión de creatividad en una sucesión progresiva e lenta de realizaciones más pequeñas. La vida del Nobel fue, según dice su título “una vida tejida milimétricamente, libro a libro”.

“La sociedad, sin la que el hombre no sería nada” dijo el filósofo Emile Chartier. Cuando esta  cita  se puede decir al revés al hablar de un solo  hombre, ¿qué más, sino quedarse silencioso? ¿Cómo no reconocer su potencia, no sólo como artista, sino como humano esta vez?

“Aracataca, el pueblo donde nació el nobel, decretó cinco días de luto” escribe El tiempo en otra publicación. “Todo lo que es hoy Aracataca a nivel internacional se lo debemos a él”, dice para el periodista  Leonor Quesedo, una profesora de literatura que enseña en el mismo colegio donde estudió Gabo. Otro logro del Nobel, una obra societal, esta vez: “Antes de Gabo, nosotros no existíamos ni en el mapa de Colombia”.

Para concluir, volvemos a “La mirada infinita de Gabo” en El País.  “Estoy absolutamente convencido de que escribiré todavía el mejor libro de mi vida » decía Gabriel García Márquez, « pero no sé cuál será ni cuándo lo escribiré. Cuando siento algo así —y hace un tiempo que lo siento— me quedo muy quieto para poder atraparlo si llega a pasar junto a mí”.

Así que, amigos lectores, si os parece que pueda surgir algo mágico de vuestro realismo cotidiano, dejéis abiertos los ojos, quedéis quietos en el torbellino diario. ¿Quién sabe? Quizás hoy llegará la ocasión para que desarrolléis la obra de su vida. O por lo menos, un detalle de ella.

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