Arte/Sociología

El artesano, ¿en la sombra del artista?

Cada día las vallas publicitarias y los medios de comunicación nos enseñan la fama de estrellas del cine, de la música y artistas. Pero, lejos de los ojos y de los oídos del gran público, ¿cómo se comportan las celebridades de un sector bien definido? Hablamos con Olivier Nouaille, distinguido restaurador de lienzos en París.

Olivier Nouaille

Olivier Nouaille durante la restauración del « Bateau ville » en L’Hay les Roses, verano 2011, presentado el 18 de septiembre de 2011 en el salón del Patrimonio de 2011 en París.

Pocos caminos para pocos elegidos: este lema definiría el sector de la restauración de obras de arte en Francia. En efecto, mientras en Italia o en otros países de Europa, la profesión es floreciente ya desde décadas, fue sólo en el año 1978 cuando nació la primera escuela francesa de restauración : el IFROA (Instituto francés de restauración de las obras de arte), ahora llamado el INP (Instituto Nacional del Patrimonio), la escuela de excelencia para los restauradores. La escuela del Louvre y la escuela de Condé nacieron también de este deseo de formar unos profesionales del patrimonio francés. Unos profesionales que constituyen unas élites. Concursos de entrada muy selectivos y cursos difíciles, como el curso de ciencia o los talleres de restauración, facilitan la creación de un pequeño clan de profesionales, escogidos con esmero. Además este entorno profesional se encuentra en su gran mayoría en la capital. El restaurador Olivier Nouaille, ex profesor del INP, miembro de los Musées Nationaux y profesor en teoría del soporte para la escuela de Condé hace parte de esta flor y nata. No obstante, no se considera como la estrella de la profesión: No soy un artista ni una celebridad. Soy un artesano al servicio de mi cliente, declara.

Entre la mítica humildad del artesano y el renombre del artista

Si es reconocido dentro del pequeño mundo de los restauradores de obras de arte, Olivier Nouaille se satisface de un éxito privado y secreto. Su personalidad se asemeja a la situación de su taller en París : una puerta grisácea, sin nombre en el timbre, en un callejón recluso de un barrio del 14e en París. Cuando se le habla del renombre de su trabajo, él invoca la humildad :

Es la obra la que tiene valor en sí como las obras íntimas, famosas entre poca gente, en el seno de una familia.

¿El restaurador desaparecería detrás del lienzo o más bien detrás de la firma del artista? Esta pregunta nos recuerda un debate que pone en escena al artesano que se eclipsa ante el reconocimiento, aún dentro de un espacio familiar, del artista. El artista porque es una celebridad o una estrella atrae por el magnetismo y la fuerza de su obra relacionada a menudo con su personalidad. El restaurador trabaja en efecto, detrás en su taller, no está en contacto con el público. Desde 1762, el artista y el artesano tienen un estatuto distinto. En efecto, se considera el artesano como un hombre que tiene un oficio institucionalizado mientras que el artista expresa una belleza original. Sin embargo, ambos tienen puntos comunes. En efecto, trabajan según reglas de artes específicas y siguen un sistema de producción. Aún más, el filósofo Alain, en su obra El Sistema de las Bellas Artes (1920), demostró que el artesano puede ser un artista, ya que puede crear objetos únicos y no solamente útiles. No obstante, al artesano se le sigue considerando un profesional que se compromete en una habilidad, un tacto particular y de cierta forma, repetitivo. Esta tradición artesanal no aspira a la celebridad como lo expresa Olivier Nouaille:

[Mi trabajo es un] trabajo humilde. Pienso que el restaurador es un transmisor que da (…) un sentido al lienzo para inscribirlo en una memoria humana.

Así, el restaurador parece quedarse en la retaguardia, desempolvando y conservando el renombre del artista. Una imagen tópica del artesano, pero, si lo pensamos con más profundidad, ¿no participa el restaurador a la fama del artista?

Taller1

En el taller de Olivier Nouaille, un lienzo de la Virgen

Participar en la recreación de la obra y… en su fama

El artesano, ¿sólo el servicio posventa del artista? Si la diferencia con el artista se comprueba ya que el restaurador no puede tomar el lugar del artista, no se puede decir que el artista le hace totalmente sombra. En efecto, si las élites de la restauración francesa tienen todas su renombre, sobre todo en París, la verdadera fama del restaurador se encuentra en su trabajo mismo. Es una fama compartida y secreta con el artista. Olivier Nouaille lo explica. Él se define como un transmisor de los valores y del sentido de la obra. Pero al darle su propio sentido a la obra, según él lo más exacto, le confiere unos juicios subjetivos :

(…) la restauración de una obra de arte consiste en una interpretación subjetiva de su método de conservación. Damos a ver a los demás nuestra visión de la obra, la íntima armonía que establecimos con ella. En efecto, además de un trabajo de científico y de historiador, se desarrolla una relación personal con la obra: no es un mero objeto de estudio.

Taller 2

Obra en restauración en el taller de Olivier Nouaille

El restaurador modifica entonces la obra y como en la tradición oriental, recrea, de cierta forma la imagen original. Un golpe contra la supuesta neutralidad del restaurador. Entonces, si predomina la conservación de la obra, el restaurador penetra su intimidad y a través de un simple trabajo de limpieza deja su huella en el lienzo. Los dos nombres del artista y del restaurador se mezclan. Sin embargo, el artesano no pasa la puerta de la fama del gran público. Siempre el nombre del artista predomina mientras que el nombre del artesano pasa de boca en boca en pequeños círculos de aficionados por haber salvaguardado unas obras del patrimonio francés:

Claro el patrimonio artístico francés da todo valor a mi trabajo. No obstante, hay que salvar el patrimonio subjetivo y emocional de cada obra. Es decir cuando una obra vive aún a través de una persona. El restaurador siempre debe plantearse la meta de una restauración porque nuestro patrimonio, aunque histórico, es el del corazón.

Así, el anonimato de los restauradores del patrimonio nacional se une de manera intrínseca a las creaciones que vemos en los museos. Es el lienzo y su buena salud lo que garantizan la reputación del restaurador además de su experiencia, de las teorías que supo establecer y transmitir a lo largo de su oficio. Una notoriedad sí, la atracción y lo “glamour” de una estrella, no.

El restaurador: el éxito de ser siempre un contemporáneo

Muchos artistas han entendido la necesidad de volverse artesanos como Orlan o Wim Delvoye, apropiándose su obra en su totalidad. Modifican su obra gracias a sus propios medios, lo que confiere un efecto más espectacular e interesante a su evolución artística. Sin embargo, en la línea del conceptismo y del diseño del siglo XX,artistas delegan a artesanos la creación de sus obras de arte, como lo representa Jeff Koons por ejemplo. En este caso la mano del artista es cada vez menos solicitada. No obstante, el artista lleva en sí la necesidad del restaurador para sobrevivir, aún para las obras contemporáneas. Frente al tiempo que fluye, es su aliado más precioso, compartiendo con la supervivencia de su obra, la supervivencia de su nombre. Pero, ¿cómo garantizar la perennidad de este equilibrio cuando cada vez más artistas introducen lo efímero como principio de sus obras? En efecto, artistas del Street Art o de “performances” artísticas inscriben su obra en un momento dado, con un principio y un fin bien definidos. El gesto crea la obra y la sacrifica. Así, ¿cómo se podría conseguir la utilidad del restaurador? ¿Se convertirá en un fotógrafo o un cámara oficial del artista, inmortalizando la obra? Son preguntas actuales que permiten una adaptación constante del restaurador a las nuevas tendencias artísticas. Así, el éxito del restaurador se ajusta a su capacidad a dar un sentido actual a la obra. Contra la museificación y las modas culturales, para el valor emotivo de cada obra y la memoria artística humana, el restaurador evoluciona con su tiempo, en paralelo con el artista contemporáneo : siguiendo las modas actuales, orgulloso de dar a su trabajo un sentido personal, el éxito del restaurador no va camino a desaparecer.

Ernest

Ernest Pignon-Ernest, Pasolini, Certaldo, 1980

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3 pensamientos en “El artesano, ¿en la sombra del artista?

  1. El papel del artesano y del artista se ha desdibujado debido a la tecnología y al mercado. Es muy importante que se hagan artículos en donde se resalte la importancia de la relación entre el autor y su obra, la cual no esta necesariamente ligada a condiciones económicas. Este texto brinda también una buena oportunidad para conocer la obra de Olivier Nouaille. 😉

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