Cine

Un cine documental como arma de combate

Elise CHEVILLARD, critique

©Patricio Guzman

Paisaje desértico y silencioso. Con esa imagen, se abre el documental de Patricio Guzmán: El caso Pinochet, que fue ro­dado de 1998 a 2001, entre España, Inglaterra y Chile. Desértico y silencioso, tal como el estado de la memoria histórica de Chile.

El caso Pinochet relata cronológicamente, en torno a tres bloques narrativos, los azares que llevaron al fiscal Carlos Castresana y al juez Baltasar Garzón a pedir la extradición del general Pinochet a España en 1998 para ser juzgado por los delitos siguientes: torturas y genocidio. El primer bloque presenta la situación que llevó a Pinochet al poder tras el golpe militar, ilustrada con fotografías archivadas cuya meta era provocar la palabra. Son miradas con lupa, como el análisis de la Historia propuesta por Guzmán. En el segundo bloque, el documental presenta las peripecias transcurridas desde el requerimiento del juez Garzón hasta la llegada del general a Chile. El tercer bloque está dedicado a los trabajos del juez chileno Guzmán para implicar a Pinochet en la desaparición y asesinato de personas. La película se acaba con la instalación de la primera estatua dedicada a la me­moria de Salvador Allende en Santiago de Chile. Igual que una reconstitución policial con reanu­daciones, el documental analiza la Historia reciente para ofrecernos una especie de película-juicio.

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Capture du film : El caso Pinochet

Con respecto a la cronología de la acción, se integran y se alternan con naturalidad documental, los testimonios de las víctimas de la dictadura o familiares de los desaparecidos pero también los testimonios de los abogados y jueces de instrucción e incluso amigos del ex dictador. Sirven para ilustrar la historia del proceso de Pinochet. La narración está dividida en capítulos llevando el nombre de un testigo. Frente a la cámara, hablan abiertamente mujeres y hombres que perdieron familiares, que sobrevivieron a las pe­nalidades, a las torturas o a la cárcel. Guzmán dejó sobre todo la palabra a las mujeres y la recogió. Una palabra que recuerda el pasado, resucita los muertos, aviva la memoria y la conecta con el presente. Las entrevistas siempre fueron un lugar privilegiado en el lenguaje cinematográfico de Guzmán. Para captar y transmitir los testimonios de esas mujeres narradoras, Guzmán utilizó el primer plano sobre las miradas y las caras fijas, creando un espacio de intimidad entre el hablante y el espectador. Los largos planos, el silencio, la frialdad del encuadre y la puesta en escena depurada y sobria, permiten centrar la atención del espectador en torno a los discurso de los testigos. Un discurso a veces relacionado con imágenes de archivos que vienen a ilustrar las palabras.

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Capture du film : El caso Pinochet

La Historia está narrada por la voz de los testigos pero también por la voz en off, cuyo papel es notable en los documentales. Este sonido extra-diegético construye una relación entre texto e imagen ya que tiene una función narrativa y didáctica para contar la Historia. De cierto modo, la voz en off es una línea directiva cronológica, que orienta la película y su discurso. El lenguaje del documental es también metafórico. El cineasta como el arqueólogo tiene que cavar para encontrar el pasado, para encontrar los cuerpos desaparecidos, para encontrar la verdad. El caso Pinochet tiene una buena composición documental con un equilibrio perfecto. Se rompe el ritmo lento de los testi­monios con imágenes de la bella naturaleza chilena que permite el descanso del espectador y no caer en el aburrimiento. Además, el vaivén entre pasado y presente rompe la monotonía.

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Capture du film : El caso Pinochet

En el caso Pinochet, dos tipos de discurso, dos puntos de vista, se entrecruzan y se oponen. Por un lado, el viejo y enfermo ex dictador perseguido por la justicia, que tiene apoyos en la población chilena y inglesa. Sus abogados, sus amigos interrogados siguen creyendo a su inocencia, prueba del cinismo del fascismo. Se multiplican durante su proceso, manifestaciones y esce­nas de apoyos en contra de su extradición. Por otro lado, sus víctimas sobrevivientes atestiguan del horror vivido con pruebas. Aunque Guzmán intenta quedar objetivo al principio, se ve de que lado se inclina la cámara, hacia los débiles y las víctimas. De los testimonios, pasamos a la denuncia. Guzmán quería mostrar que su país seguía dividido entre pro y anti Pinochet. Mientras Pinochet bebe un té con Margaret That­cher, en la calle manifiestan las víctimas, las familias de los desaparecidos. Mientras un amigo de Pinochet no quiere creer en su inculpación, una víctima nos cuenta lo que aguantó en una casa de tortura. Mientras manifiestan los estudiantes para denunciar el puesto que ocupan antiguos asesinos al poder, los partidarios de Pinochet se alegran por su «liberación.» Esta puesta en escena que crea un paralelo, provoca un desfase enorme entre los dos «bandos» , y refuerza el abismo, la incomprensión frente a los apoyos de Pinochet. Sin embargo, el fallo del documental se encuentra en la falta de entrevistas de los partidarios del general Pinochet.

El caso Pinochet es el ejemplo palpable y vibrante del papel que puede jugar el cine en la defensa de ideas comprometidas. Guzmán quiere reconstruir una memoria histórica, perdida y incluso negada, mediante los testimonios. El largo y lento pro­ceso de la maquina judicial es el reflejo del trabajo de la memoria en Chile. Una memoria que necesita el país, para construir su futuro. Con este documental, Guzmán no busca sólo la emoción sino la reflexión sobre el estado del mundo (casos parecidos en España con la ley de la memoria histórica, la apertura de las fosas de la dictadura de Franco.) y su funcionamiento. El gé­nero del documental permite la proximidad de la actualidad reciente. El caso Pinochet subleva una serie de cuestiones: ¿Por qué mientras que los Lord otorgaron la extradición de Pinochet hacia España, Jack Straw, el Ministro del Interior dejó a Pinochet volver libre a Chile? ¿Por qué el Chile “democrático” no pidió la extradición de Pinochet para juzgarlo? A la luz de este documental, cada espectador puede construir su propia opinión.

« Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro» Aimé Césaire.

Patricio Guzmán y el «cine directo».

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©Real Fiction

Nació en 1941 en San­tiago de Chile. Estudió en la Escuela Oficial de Cinematografía de Ma­drid y empezó hacer cine en los años sesenta. Guzmán, consagró su carrera al cine documen­tal, un cine que lucha contra la dictadura mi­litar de Pinochet y de­nuncia la opresión social.

En 1975, realizó la Batalla de Chile, un documental de 5 horas sobre el final de Allende. Cineasta com­prometido, Guzmán se marchó de su país durante el principio de la dicta­dura y regresó en 1986, fecha de estreno de su documental: En nombre de Dios. Siguieron La cruz del Sur (1992), La memoria obs­tinada (1997) que trata de la amnesia política chile­na, El caso Pinochet en 2001 y Salvador Allende en 2004. Su último documental: Nostalgia de la luz pone en común la astronomía y la búsqueda de los cadáveres de los desaparecidos.

Siempre su cine trata del pueblo. Guzmán, se aleja de la Historia oficial para grabar la Historia real (free-cine) luchando contra el olvido y creando una memoria colectiva. Sus documentales son tes­timonios orales y visuales de un periodo negro de la Historia chilena, que no pertenece solamente al pasado.

Más informaciones en la web de Patricio Guzmán: http://wwhttp://www.patricioguzman.com/index.php

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